De las más de 200 personas que participan en la Conferencia Internacional del Diálogo, 34 tienen una ponencia. La mayoría de ellos son líderes religiosos o presidentes de institutos que trabajan para la convivencia. Todos son hombres.
En la lista de invitados de la organización hay dos mujeres: Gema Martín Muñoz, directora de Casa Árabe, y Margaret Ann Cone, del Instituto para la Paz y el Desarrollo de Oriente Medio, quienes no acudieron ayer a los actos de la mañana. Las que sí estaban y fueron oficialmente invitadas, aunque sus nombres están fuera de la lista, eran Amparo Sánchez Rosell, presidenta del Centro Cultural Islámico de Valencia, y Aminata Sow Fall, escritora senegalesa.
Nada más salir de la sala de conferencias, el indio Swami Agnivesh fue saludado por la mayoría de las mujeres que asistían. No eran más de 20, y entre ellas había periodistas españolas y extranjeras, estudiantes madrileñas, acompañantes de los invitados y fieles del Centro Islámico de Madrid. "Lo que dijo usted es fundamental", agradeció Sánchez Rosell a Agnivesh. "El papel de la mujer en el diálogo es obvio, pues siempre hicimos de mediadoras. Cuando hay un problema en la familia, se acude a la mujer para arreglarlo", apuntó Sánchez Rosell.
Los organizadores no quisieron ayer explicar la ausencia de mujeres en las mesas redondas. Considerado como uno de los estados más represivos con las mujeres -sin derecho a votar ni a conducir y obligadas a cubrirse con una larga túnica negra-, Arabia Saudí intentó en los últimos años fomentar el debate sobre el papel de la mujer, aunque el liderazgo religioso se opuso. Ayer, al final de la conferencia, una mujer cogió el micrófono: "Soy musulmana y no entiendo por qué se nos discrimina en nombre del Islam".