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"Las caricaturas de Muhammad: El conflicto de las interpretaciones"

por Jean-Marc. Teologo especializado en teología (cristiana) e islamología (PISAI)

Ankara, a 19 de Febrero de 2006. Jean-Marc es jesuita, con estudios en teología (cristiana) e islamología (PISAI), y experiencia de vida en Egipto y Turquía. Desde 2002 pertenece a un equipo dedicado al diálogo interreligioso en Ankara (Turquía). Prepara una tesis doctoral sobre las relaciones entre ciencias, religión y política en la Turquía contemporánea.
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La ira desencadenada por la publicación de las caricaturas de Muhammed en un periódico danés es el resultado de la interacción de varios factores que se refuerzan recíprocamente. Uno de los nudos más importantes del conflicto me parece que está en la comprensión diferente del insulto en nuestras sociedades y en las de Oriente medio. El segundo nudo me parece que es el proceso de mundialización "inmediatizador" sin traducir, o de forma más simple, la relación entre dos culturas.

Para empezar, vemos una situación tensa en Dinamarca, donde la extrema derecha está en el parlamento y donde el discurso público cae fácilmente en la xenofobia y la islamofobia. La publicación de las caricaturas en este contexto tuvo el efecto de una bomba. Esas doce caricaturas publicadas en una página completa del periódico de la derecha Jyllands-Posten tenían el objetivo de provocar. Se me replicará que toda caricatura pretende provocar. No obstante, conozco pocos ejemplos de caricaturas que llenen una página entera de un diario… Aunque la mayor parte de ellas no tenían nada de ofensivas, aparecían en un momento en que la comunidad musulmana local no podía quedarse indiferente. Tanto más que una de ellas, representando a Muhammed con una bomba debajo del turbante, alimentaba la islamofobia creciente y reforzando la ecuación: "Islam=Terrorismo". La caricatura chocaba a cualquier musulmán, que se veía así identificado con un terrorista que pone bombas. Para la comunidad local, eso fue la gota que colmó el vaso. Y algunos de sus miembros ayudaron mucho a desbordarlo… Cuando su intento por la vía jusrisdiccional no dio resultados, una organización llamada Sociedad Islámica de Dinamarca envió a uno de sus imanes a hacer una gira por las capitales árabes con las doce caricaturas, a las cuales añadieron tres imágenes muy ofensivas y que nunca habían aparecido en la prensa danesa, para exacerbar más el conflicto. El asunto alcanza una dimensión internacional después de esta gira.

Antes de reflexionar sobre los procesos de comunicación y las manipulaciones políticas que han influido en el debate, me gustaría pararme a hablar de un factor del que no se ha hablado en los medios y que creo que ha desempeñado un papel importante: La fuerza del insulto y la pérdida de honor que provoca. En Europa occidental, el verbo, así como el gesto, tienen poco valor, salvo para los niños a los que a veces oímos decir: "Mamá, me ha dicho que soy… ". Un poco más tarde, aprenden a contestar: "Tu insulto me patina como el agua por el lomo de un pato". Y finalmente, aprende a ignorarlo y a considerar al que le diga algo parecido como un patán maleducado, un personaje vulgar y grosero que se deshonra a sí mismo actuando de esa forma. Todo lo contrario que en Oriente Medio, donde la palabra y el gesto son considerados tan eficaces como la promesa, la magia (bendición, maldición, conjuro) o el insulto. La violencia física es considerada a menudo como menos grave que la pérdida de honor que afecta a quien es objeto de un insulto y que se encuentra obligado a vengarse para recuperar su honor. Habiendo enseñado algún tiempo en en un liceo egipcio , y habiendo animado grupos de jóvenes cristianos de 15-16 años, escuchaba casi en la totalidad de nuestras reuniones semanales la misma pregunta: "¿Cómo responder al insulto?". Esa era LA cuestión moral principal de esos jóvenes. Con ocasión de un partido de fútbol, en el que hubo muchos actos de violencia, un jugador turco que fue castigado por haber pegado a uno de los aficionados del otro equipo, replicó naturalmente: " Pero es que él se había reído mientras se tocaba el himno nacional" como si eso justificara completamente su gesto.

Como vemos en este último ejemplo, el insulto es tanto más grave cuanto toca al cuerpo del que se forma parte y que define nuestra identidad (familia, etnia, corporación, nación, religión…). Puede que el insulto importe menos en nuestras sociedades postmodernas individualistas porque esas pertenencias comunitarias sean más flojas que en países con cultura más tradicional. Muchos de los países con población mayoritariamente musulmana no van muy bien, sea desde el punto de vista económico, político o cultural, y sufren de una forma u otra un complejo de inferioridad que les hace al mismo tiempo, admirar y odiar al "Occidente cristiano". Sin embargo, para muchos de esos pueblos, el islam es su orgullo. Y eso suele pasar también mucho en las comunidades inmigrantes marginadas. Los musulmanes se sienten orgullosos de formar parte de "La más perfecta de las comunidades". "Alabado sea Dios, soy musulmán", dicen ellos sencillamente. Y Muhammed, en la piedad popular, al mismo tiempo un hombre perfecto, intercesor y líder de la comunidad, es objeto de una devoción especial no oficial y al mismo tiempo muy afectiva. Tocar a Muhammed, es tocar el corazón de la comunidad, es tocar su honor.

En nuestros países democráticos y secularizados, donde nos sentimos orgullosos de habernos liberado de la censura del Estado, el poder de las Iglesias y de las presiones sociales que los acompañaban, lo que provoca nuestro orgullo es nuestra libertad, de ahí que exaltemos nuestra sacrosanta "libertad de expresión". Tocar nuestra libertad, es tocar nuestra dignidad humana… Aquí vemos donde se sitúa un punto de fricción importante: ¿Pertenencia o libertad?, ¿honor o dignidad? Las caricaturas forman parte de un género literario al que estamos acostumbrados y que no podemos restringir salvo en raras circunstancias, cuando son gravemente indecentes (Sexo, insultos directos…) o cuando incitan al odio y la discriminación contra una parte de la población (racismo). Falta por saberse si la islamofobia no es una manera oculta de discriminar a las comunidades de inmigrantes… El único problema es que esta "libertad de expresión" existe sólo en occidente y no es comprendida en la mayor parte de los países islámicos que viven bajo regímenes no democráticos, donde la censura y la autocensura campan a sus anchas y donde la religión es un factor identificador extremadamente potente, que el Estado maneja, intenta controlar, e instrumentaliza al mismo tiempo. Esta libertad de expresión es incomprensible incluso para los dirigentes de esos países, como lo hemos podido ver con la visita de once embajadores de países musulmanes al primer ministro danés.

Y aquí es cuando llegamos a la mundialización. Antes, para sentir un choque cultural, había que salir de un país e ir a vivir en otro sitio durante algún tiempo. Ya no hace falta salir. El mundo es como un solo país donde las culturas y las civilizaciones están en contacto directo unas con otras, principalmente por la intermediación de los medios de comunicación, que tienen una responsabilidad de primer orden en la interpretación de lo que se trasmite: Ellos pueden limitarse a una interpretación mínima, dejando a la gente con sus prejuicios, o bien compartiendo los prejuicios con la población a la que se dirigen, pueden reforzarlos naturalmente. También pueden, en búsqueda de audiencia, inflar los acontecimientos e inflamar los sentimientos de su público. Pueden incluso estar manipulados para fines políticos, sea por el gobierno establecido o por movimientos de la oposición para hacer reaccionar a la población en una dirección dada. Pueden finalmente intentar interpretar, en el doble sentido de interpretación e interpretariado, los acontecimientos transmitidos para favorecer una comprensión mutua. Este artículo quiere responder a esto último… Pero en estos últimos eventos, hemos tenido derecho a ver todas las formas. Quiero reenviar al lector a su espíritu crítico para juzgar de la manera con la que fue informado durante estas últimas semanas. Me voy a centrar aquí en la manipulación política de los hechos en Oriente Próximo, que explica buena parte de las violencias espectaculares a las que hemos asistido en esta región del mundo.

Con la oposición de muchos países europeos a la guerra de Irak, las ayudas del antiguo continente a los palestinos, y sus esfuerzos para negociar con Irán para llevar el asunto al consejo de seguridad de la ONU, Europa se presentaba como una fuerza moral. Con la publicación de las caricaturas, Europa ha perdido ese estatuto: ¿Cómo puede afirmarse juez y el arbitro mientras insulta al profeta, se preguntan los medios de la región? Esta situación ha sido rápidamente explotada por el gobierno iraní que, como en el asunto de Salman Rushdie, se ha puesto a defender el islam ofendido y ha animado a la violación de la embajada danesa. La situación fue parecida en el Líbano y en Siria, que quiso recuperar su buen nombre después del asesinato de Rafiq Hariri alentando el ataque a las embajadas danesas. Sucedió algo de lo mismo en Palestina, donde la Europa que pretende someter su ayuda a la revisión de los estatutos de Hamas se ve privada de su capacidad de criticarlo. En otros países, fueron los movimientos de la oposición quienes instrumentalizaron el debate. Mientras Turquía se acerca cada vez más a Europa, elementos islamo-nacionalistas planean sobre la ola provocada por las caricaturas incitando a la violencia contra las minorías para intentar abortar el proceso de adhesión: homicidio de un cura en Trabzon, intimidación de otro en Izmir, tiros contra las puertas de una iglesia armenia en Kayseri, pintadas en dos iglesias en Estambul, todo ello sobre un fondo de propaganda acusando a las Iglesias de proselitismo o de querer dividir el país.

Con la ida y vuelta del imán danés y la visita de los diplomáticos musulmanes surge otra pregunta: Aquella de la instrumentalización de las poblaciones musulmanas en Europa tanto por los grupos islámicos como por los Estados de la región. ¿Quién va a definir "el islam europeo": Los movimientos islamistas, los estados de la región o los propios musulmanes europeos? Estos últimos lo podrán hacer únicamente si encuentran un sitio integrándose en una sociedad pluralista que les reconozca y les acepte con el mismo título que los otros ciudadanos. Y ahí se halla un reto importante.

Ahora, si existen caricaturas que relacionan el islam con la violencia, también hay razones: Está claro que en nombre del islam se han cometido atentados suicidas y se cortan cabezas. "¿Qué es lo que perjudica más el Islam: esas caricaturas o las imágenes de un secuestrador de rehenes que degüella a su víctima delante de las cámaras, o un kamikaze que se inmola en medio de una boda en Amman?" decía un periodista jordano. Desgraciadamente, no hemos escuchado mucho este tipo de discursos críticos por parte de los mismos musulmanes. Puede que otro reto sea animar a que emerjan. Sin embargo, mientras los países de la región sigan estando alienados política, económica y culturalmente, no podemos esperar una evolución extraordinaria de la situación: Solamente el dialogo político, la democracia y el desarrollo romperán el ciclo de la violencia. Los violentos no son "El islam" o "Los musulmanes" en bloque. Es la situación social de las regiones donde los musulmanes viven la que incita a la violencia y favorece la interpretación y la explotación de recursos simbólicos del islam por algunos entre ellos en una perspectiva guerrera.

Jean-Marc Balhan sj.
Ankara, a 19 de Febrero de 2006

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