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Maghreb'audlaúd  Ámbito social



Laúd andalusí; caja de resonancia cóncava, plana con rosetas. Mástil plano con clavijas de madera. Modelo de 6 cuerdas.
(Fez, Marruecos, Museo de Batha)

 



Laúd fasí, de caja de resonancia plana con 3 rosetas "chemsat"; mástil plano con clavijas de madera talladas a mano. Modelo de 6 cuerdas.
(Fez, Marruecos, colección privada)

 



Laúd - mandolina de 4 cuerdas, madera con incrustaciones de nácar.
(Rabat, Museo de los Udayas)


Variedad: 4.3. Literatura, música y danza

Zona: Maghreb andalusí (Norte de Marruecos)

Origen: árabe

El laúd es un instrumento originario de la antigua Mesopotamia (Iraq), donde era conocido en una versión primitiva unos 2,000 años antes de la era vulgar (-2,700 de la era islámica, aproximadamente). Esta versión primitiva constaba de un cuerpo poco profundo y un mástil más largo que el laúd contemporáneo.

El término 'aud, del árabe, significa "madera", y en su primera denominación sirvió para diferenciar este instrumento de otros similares que estarían fabricados con caparazones de animales. "Al-'aud" fue el vocablo que designó a este instrumento en la Iberia islámica: alaút.

“¡Qué hermoso es el laúd, qué bella su forma!/ Oyendo su preludio me conmuevo,/ por él se debe toda tarea abandonar/ (...)./ Oye a quien sólo dice la verdad/ (...);/ amar recomienda, aunque él no ame,/ y nostalgia recuerda sin él amar./ (...) / fino es su cuello, lleno su vientre,/ y su voz no es la del adulto:/ niño es, y cuanto hace agrada”. Estos versos de Ibn Quzmán contienen algunas de las más bellas palabras dedicadas al laúd.

El laúd árabe, instrumento de remotos orígenes, llegó probablemente a la Península desde los primeros tiempos de la invasión. Su más antigua representación en suelo andalusí data del año 968; está labrada de un bote de marfil procedente de Córdoba. De fecha anterior (962), y a pesar de que su morfología puede hacernos albergar algunas dudas, son los laúdes andalusíes del Beato que para el monasterio de San Miguel de la Escalada iluminó Magio, primero en convertir a los ancianos del Apocalipsis en músicos islámicos tañendo el ‘ud y sentados al modo árabe. Del siglo XI es la representación labrada en una pila de abluciones conservada en Játiva.


Caja de marfil procedente de Madinat al Zahra (Córdoba) que muestra a un intérprete de laúd.

En al-Andalus se dieron algunas significativas transformaciones del instrumento. Por ejemplo, la sustitución de las bocas de la tapa por decorativos rosetones, préstamo éste tal vez tomado de la arquitectura gótica, y quizás también el añadido del quinto orden de cuerdas (quinta cuerda doble), que se atribuye a Ziryab (Abdul-Hasan Alí ibn Nafi). Es probable que convivieran los ejemplares de cinco y cuatro órdenes; al-Tifasi, por ejemplo, sólo parece conocer este último modelo. También se atribuyen a Ziryab otras modificaciones: un aligeramiento general del instrumento, mejora en la calidad de las cuerdas y sustitución de los plectros de madera por otros más flexibles.

En la incorporación del laúd al instrumentario norpeninsular es muy posible que tuviera especial protagonismo el ambiente cultural de las cortes de Alfonso X, en algunos de cuyos códices están representados bellos ejemplares. La primera mención literaria castellana se encuentra en La doncella Teodor (c. 1250): “Aprendí tañer laúd y cannon y las treinta y tres trovas”. En el Poema de Alfonso XI (1328) se adjudica a nuestro instrumento el adjetivo “halagüeño” (“estrumento falaguero”). De 1330 es la cita del Arcipreste de Hita que le atribuye el tocar la trisca: “el corpudo alaud que tien punto a la trisca”. Corominas ha destacado cómo la palabra trisca puede tener el sentido de ‘danza’ (sería la homónima castellana de la francesa tresche y la occitana tresca) en estos versos del Libro de Alexandre: “tiempo dolce e sabroso.../ entran en flor las miesses ca son ya espigadas,/ fazen las dueñas triscas en camisas delgadas”.

El laúd pronto pasó a la zona norte penínsular, que en los tiempos de al Andalus recibía sus principales corrientes culturales a través del Camino de Santiago. El láud se convirtió en el más popular instrumento de juglares y trovadores, extendiéndose su uso por toda Europa.

Es sorprendente comprobar el peso de la tradición en el mantenimiento de las características organológicas del laúd, emblema de la música árabe. Un manuscrito persa del s. XIV (Tesoro de Rarezas) contiene un capítulo dedicado a la construcción y diseño de instrumentos musicales. Incluye descripciones de sus proporciones y dimensiones, los materiales usados, los procedimientos seguidos para tratar las maderas y construir las cuerdas. En el caso del laúd se refiere que la madera debe ser de mediana consistencia, siendo la mejor la de abeto o pino. Las dimensiones del instrumento, casi literalmente tomadas de al-Kindi (s. XI), son muy similares a las de los laúdes árabes actuales.

Isma‘il ibn Bard (s. X) escribió estos versos cuando le regalaron un antiguo laúd: “Fuiste muy generoso al mandarme un laúd/ que era de la familia de al-Wald./ Generación tras generación lo remendaron las manos./ Es para mí como un laúd de mosaicos./ Las arañas tejieron sobre él porque lo creían vestigio/ de un edificio en ruinas”. Y añade esta hermosa frase que ahora, a finales del s. XX, cobra aún más emocionantes resonancias: “Este laúd es como líneas borradas,/ como el resto de tinta de una preciosa caligrafía”.

Actualmente su uso andalusí se conserva en Marruecos, donde existen numerosos luthiers y músicos especializados en este bello instrumento. Existe, de hecho, una amplia discografía de música maghrebí-andalusí disponible para el melómano.

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