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Variedad:
4.3.
Literatura, música y danza Zona:
Maghreb
andalusí (Norte de Marruecos)
Origen: árabe El
laúd es un instrumento originario de la antigua Mesopotamia (Iraq),
donde era conocido en una versión primitiva unos 2,000 años antes
de la era vulgar (-2,700 de la era islámica, aproximadamente). Esta versión
primitiva constaba de un cuerpo poco profundo y un mástil más largo
que el laúd contemporáneo. El término 'aud,
del árabe, significa "madera", y en su primera denominación
sirvió para diferenciar este instrumento de otros similares que estarían
fabricados con caparazones de animales. "Al-'aud" fue el vocablo que
designó a este instrumento en la Iberia islámica: alaút. ¡Qué
hermoso es el laúd, qué bella su forma!/ Oyendo su preludio me conmuevo,/
por él se debe toda tarea abandonar/ (...)./ Oye a quien sólo dice
la verdad/ (...);/ amar recomienda, aunque él no ame,/ y nostalgia recuerda
sin él amar./ (...) / fino es su cuello, lleno su vientre,/ y su voz no
es la del adulto:/ niño es, y cuanto hace agrada. Estos versos de
Ibn Quzmán contienen algunas de las más bellas palabras dedicadas
al laúd. El laúd árabe, instrumento de remotos orígenes,
llegó probablemente a la Península desde los primeros tiempos de
la invasión. Su más antigua representación en suelo andalusí
data del año 968; está labrada de un bote de marfil procedente de
Córdoba. De fecha anterior (962), y a pesar de que su morfología
puede hacernos albergar algunas dudas, son los laúdes andalusíes
del Beato que para el monasterio de San Miguel de la Escalada iluminó Magio,
primero en convertir a los ancianos del Apocalipsis en músicos islámicos
tañendo el ud y sentados al modo árabe. Del siglo XI es la
representación labrada en una pila de abluciones conservada en Játiva.

Caja de marfil procedente de Madinat al Zahra (Córdoba)
que muestra a un intérprete de laúd.
En
al-Andalus se dieron algunas significativas transformaciones del instrumento.
Por ejemplo, la sustitución de las bocas de la tapa por decorativos rosetones,
préstamo éste tal vez tomado de la arquitectura gótica, y
quizás también el añadido del quinto orden de cuerdas (quinta
cuerda doble), que se atribuye a Ziryab (Abdul-Hasan
Alí ibn Nafi). Es probable que convivieran los ejemplares de cinco y cuatro
órdenes; al-Tifasi, por ejemplo, sólo parece conocer este último
modelo. También se atribuyen a Ziryab otras modificaciones: un aligeramiento
general del instrumento, mejora en la calidad de las cuerdas y sustitución
de los plectros de madera por otros más flexibles. En la incorporación
del laúd al instrumentario norpeninsular es muy posible que tuviera especial
protagonismo el ambiente cultural de las cortes de Alfonso X, en algunos de cuyos
códices están representados bellos ejemplares. La primera mención
literaria castellana se encuentra en La doncella Teodor (c. 1250): Aprendí
tañer laúd y cannon y las treinta y tres trovas. En el Poema
de Alfonso XI (1328) se adjudica a nuestro instrumento el adjetivo halagüeño
(estrumento falaguero). De 1330 es la cita del Arcipreste de Hita
que le atribuye el tocar la trisca: el corpudo alaud que tien punto a la
trisca. Corominas ha destacado cómo la palabra trisca puede tener
el sentido de danza (sería la homónima castellana de
la francesa tresche y la occitana tresca) en estos versos del Libro de Alexandre:
tiempo dolce e sabroso.../ entran en flor las miesses ca son ya espigadas,/
fazen las dueñas triscas en camisas delgadas. El laúd
pronto pasó a la zona norte penínsular, que en los tiempos de al
Andalus recibía sus principales corrientes culturales a través del
Camino de Santiago. El láud se convirtió en el más popular
instrumento de juglares y trovadores, extendiéndose su uso por toda Europa. Es
sorprendente comprobar el peso de la tradición en el mantenimiento de las
características organológicas del laúd, emblema de la música
árabe. Un manuscrito persa del s. XIV (Tesoro de Rarezas) contiene un capítulo
dedicado a la construcción y diseño de instrumentos musicales. Incluye
descripciones de sus proporciones y dimensiones, los materiales usados, los procedimientos
seguidos para tratar las maderas y construir las cuerdas. En el caso del laúd
se refiere que la madera debe ser de mediana consistencia, siendo la mejor la
de abeto o pino. Las dimensiones del instrumento, casi literalmente tomadas de
al-Kindi (s. XI), son muy similares a las de los laúdes árabes actuales.
Ismail ibn Bard (s. X) escribió estos versos cuando le regalaron
un antiguo laúd: Fuiste muy generoso al mandarme un laúd/
que era de la familia de al-Wald./ Generación tras generación lo
remendaron las manos./ Es para mí como un laúd de mosaicos./ Las
arañas tejieron sobre él porque lo creían vestigio/ de un
edificio en ruinas. Y añade esta hermosa frase que ahora, a finales
del s. XX, cobra aún más emocionantes resonancias: Este laúd
es como líneas borradas,/ como el resto de tinta de una preciosa caligrafía.
Actualmente su uso andalusí se conserva en Marruecos, donde existen
numerosos luthiers y músicos especializados en este bello instrumento.
Existe, de hecho, una amplia discografía de música maghrebí-andalusí
disponible para el melómano. |