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La herencia árabe en la agricultura y el bienestar de Occidente
Universidad Politécnica de Valencia

Los aromas de al-Andalus
Cherif abderrahman Jah - Alianza Editorial

Historia del País Valencià
Manuel Sanchis Guarner y Miquel Tarradell

INFLUENCIA que ejerció la dominación de los árabes en la AGRICULTURA, INDUSTRIA Y COMERCIO
Melchor Bellver y Vicente del Cacho
AL-ANDALUS magia y seducción culinarias
Instituto Occidental de Cultura Islámica


 Introducción
 al-Andalus, paraíso culinario
 Filosofía de la cocina andalusí
Extractos de:Cocinando con Averroes
 Clasificación de los sabores en los textos "científicos" árabes
 Cortesía, higiene y aplicaciones cosmético-dietéticas
 Platos estelares de la cocina andalusí

Para más información, consulte los ejemplares de "Influencia que ejerció la dominación de los árabes en la agricultura, industria y comercio" y "La herencia árabe en la agricultura y el bienestar de Occidente" disponibles en la biblioteca del Centro Cultural Islámico de Valencia.

Introducción

Aunque hablar sobre artes culinarias, o sobre gastronomía puede resultar aparentemente frívolo, no se debe sin embargo olvidar el largo peregrinaje histórico y geográfico de los distintos elementos que han permitido a un pueblo conformar sus gustos y satisfacer sus necesidades.

Lo lúdico, no sólo no está reñido con la evolución de la cultura, sino que forma parte importante de ella. En este sentido, y en lo que respecto a los musulmanes, que siempre valoraron lo que Alá les brindaba a través de la naturaleza, el mismo Corán dice: "¡Disfrutad de todo lo bueno con que os agraciamos!"

Un legado, va mucho más allá de las manifestaciones artísticas, lingüísticas, musicales, poéticas, agrícolas o tecnológicas. También es un calado en el mundo impalpable de los sentidos. Es una herencia parcialmente etérea, y por ello, aparentemente invisible, pero no menos importante. La valoración estética de la naturaleza y sus manifestaciones entraña una acción muy compleja en la que se pone en funcionamiento la mayor parte de nuestros sentidos: la vista, el oído, el olfato, el gusto, y el tacto.

Este legado, apenas perceptible, con reminiscencias de olores, imágenes, sabores y espacios que nos son familiares, se encuentra agazapado en lo más profundo de nuestro inconsciente colectivo, aguarda ser reproducido desde el ambiente entrañable de al-Andalus, esperando despertar como los durmientes de la Caverna, mito o leyenda cristiana de origen musulmán, la historia de los durmientes la encontramos en la sura 18 del Corán, desde el versículo 9 al 28.

A ningún historiador se le escapa la gran importancia que tuvieron los aromas y fragancias en al-Andalus, protagonistas de las humildes casas y cocinas, populares en los zocos, señoriales en los palacios. Por ello no se puede caer en el olvido histórico e ignorarlos.

 

D. Francisco García Duarte, miembro del Centro de Estudios Históricos de Andalucía, dice:

"La gastronomía es en uno de los aspectos culturales en el que también se ve claramente  el componente andalusí, sobre todo en la más popular, que básicamente ha quedado inalterable. La hortaliza, sobre todo habas y alcachofas (el tomate y la patata vendrían de América después) junto con las legumbres, las frutas (frescas o secas), el aceite y los cereales constituían la base de la alimentación del pueblo. A ello se unía un poco de carne, pescado, leche y queso en algunas ocasiones.....

En la gastronomía actual podemos encontrar fácilmente muchos platos que tienen una clara ascendencia de la época andalusí (ver al-Andalus, la cocina y su historia, de L. Benavides-Barajas, editorial Dulcinea-1992).....

Existen algunas formas de preparar los alimentos que nos vienen de al-Andalus. Entre ellas podemos destacar los cocidos en los que se mezclaban tres elementos básicos de la alimentación: las verduras, carnes y legumbres; las albóndigas y empanadas que servían para aprovechar las carnes sobrantes de platos anteriores, las gachas, hechas sobre todo de harinas de garbanzos y las migas hechas de trozos de pan sobrantes; los salazones (que ya tenían una tradición reconocida desde la época tartésica) y los escabechados con vinagres y plantas aromáticas (también podemos ver en el garum un antecedente tartésico de éstos) y los fritos, tanto en lo que concierne a los pescados y la carne, como a las llamadas "frutas de sartén": buñuelos, churros, pestiños, roscos de huevo, piñonates...etc.

Otras características de la cocina andalusí que nos han llegado hasta hoy es el uso de los condimentos con multitud de especies y plantas aromáticas; la utilización de los sabores dulces en platos salados  a través del empleo de frutos secos: almendras, castañas, piñones,, etc. Y frutas secas: pasas, higos y dátiles, fundamentalmente. O la miel en el guisado de carnes o pescados.

            ... como es sabido (la carne de cerdo) no era consumida por la población musulmana de al-Andalus, aunque sí por la cristiana. Sin embargo, tenemos constancia  a través de los poetas (El esplendor de al-Andalus, pág-318) de que los andalusíes comían apreciadísimas salchichas(sin carne de cerdo) que incluso, -como recoge el cordobés Miguel Salcedo Hierro en su libro La Cocina Andaluza, Editorial Nebrija-  se vendían en puestos de los mercados de los pueblos andaluces junto con el pescado frito, pinchitos, albóndigas y otras viandas. 

Aunque el tema del legado gastronómico de al-Andalus es muy amplio, no podemos dejarlo sin hacer una especial referencia a la rica y variada repostería, en su gran mayoría legada por el pueblo andalusí. No sólo nos referimos a las ya mencionadas "frutas de sartén" sino a la variada pastelería que tiene como componentes básicos la harina, el azúcar, la miel, los frutos secos y los huevos. Los mazapanes, turrones, alfajores, tocinos de cielo.... son algunos de los más conocidos dulces que nos han legado nuestros antepasados de generación en generación".

 

Platos tan familiares como el arroz con leche, especias como la nuez moscada o el anís, y frutas como el melón y la sandía, son parte del legado culinario que nos han dejado los árabes. La berenjena, uno de los manjares del Islam, alcanzó tanta popularidad en al-Ándalus que a los almuerzos de mucho bullicio y gentío se les llamaba berenjenales. «¿Quién nos hubiera dicho que la pasta es de origen beréber, o que las famosas salchichas de Francfort eran ya famosas en al-Ándalus?», se preguntan Inés Eléxpuru y Margarita Serrano, expertas en cocina andalusí, en su libro Al-Ándalus. Magia y seducción culinarias (Ed. Al-Fadila, Madrid, 1991). El azúcar, que durante siglos sólo se conocía en forma de jarabe, pasó a consumirse como lo conocemos hoy gracias a que inventaron la manera de cristalizarlo.

 

al-Andalus, paraíso culinario

Cuando los musulmanes llegaron a la Hispania romanogoda, se encontraron con un panorama alimentario poco reconfortante. La tierra era pobre de recursos, y por tanto la alimentación escasa y poco variada; se basaba casi exclusivamente en el consumo de cereales y en la vid. Lo mismo sucedía en el resto de Europa donde el cultivo de frutas y hortalizas era prácticamente inexistente.

En base a esta situación, la política de los dirigentes Omeyas de al-Andalus, fue la de impulsar todo lo relacionado con el desarrollo agrícola, y los cambios que los musulmanes iban introduciendo en la agricultura hispano-goda, además de repercutir en los sistemas de cultivo y en los productos, provocaron una alteración sustancial en la alimentación. Frente a la clásica trilogía cristiana de trigo, carne y vino, los andalusíes crearon nuevos hábitos alimenticios en los que las verduras no fueron solo la base, sino el elemento imprescindible, bien a solas, bien acompañando las carnes, las sopas, el pescado, con una enorme cantidad de variantes en sus recetas. Los andalusíes podían consumir todo el año verduras y hortalizas frescas.

Las verduras, adquirieron por vez primera importancia por si mismas. Se cocinaban a modo de purés untuosos, como el de habas o guisantes, a modo de ensalada, o bien asadas y guisadas. Las ensaladas, a base de lechuga, berros, jaramagos, y toda clase de plantas comestibles silvestres, se aderezaban con aceite de oliva y se acompañaban de aceitunas, ya fueran verdes, previamente maceradas en salmuera con hierbas aromáticas, o negras, ya que, además de deliciosas, consideraban que estimulaban el apetito.

Las legumbres, soja, garbanzos, lentejas y judías de toda clase, era un alimento considerado altamente nutritivo, se corregían las ventosidades que producen, mediante el uso del tomillo, orégano o comino. Por cierto, que el nombre original de las judías, "al-lubiya", se ha conservado en el País Vasco y en Sharq al-Andalus.

 

En cuanto a las frutas, desde el siglo XI se daban en al-Andalus prácticamente las mismas que hoy se encuentran en nuestros campos. Las frutas más consumidas eran la sandía, que provenía de Persia y del Yemen, el melón, del Jorasán, y la granada de Siria, convertida, en la imaginación colectiva, en el símbolo por excelencia de la España musulmana. A propósito, en el «Libro de Agricultura» de Ibn al-Awwám (siglos XII y XIII), traducido por Banqueri, AECI, Madrid, 1988, podemos leer una tradición del Profeta Muhammad sobre esta hermosa fruta, rescatada por este hacendado andalusí de la zona de Aljarafe, cerca de Sevilla: «Cuidad del granado; comed la granada, pues ella desvanece todo rencor y envidia».

Se aclimataron también, procedentes de otros lugares, el membrillo, el albaricoque, y un sinfín de frutos más.

 

Las especias, muy utilizadas en la cocina de al-Ándalus, se introdujo la canela, procedente de la China, así como el azafrán (az-za’faran, en persa safrón), el comino (kammún), la alcaravea, el jengibre, el sésamo (o ajonjolí), el cilantro, la nuez moscada y el anís (anisún). Estas especias, además de utilizarse como condimento en la elaboración de los diversos platos, eran exportadas fuera de al-Ándalus, al resto de Europa e incluso a Egipto y el Norte de África, lo que favorecía, entre otras cosas, el desarrollo de la economía.

El comercio de las especias, a las que tan aficionados había sido los árabes preislámicos, se intensificó, enriqueciendo la gastronomía andalusí hasta niveles desconocidos. De tal manera que nuestra cocina superó en calidades a la persa y bizantina, que eran el no va más de la época. El tono vital de aquellas sociedades y el floreciente comercio, trajeron la mostaza, el jengibre, la canela, la galanga, la nuez moscada, el clavo, el cardamomo, el comino, el azafrán, etc.

Las especias eran utilizadas en las cocinas andalusíes de forma habitual, según un manuscrito anónimo del siglo XIII: "El conocimiento del uso de las especias es la base principal en los platos de cocina, porque son el cimiento del cocinar y sobre él se edifica". Las más utilizadas fueron: el azafrán, la hierbabuena, el espliego, el comino, el cardamomo, la alcaravea, el orégano, el cilantro, el jengibre, la mostaza, la pimienta, la albahaca, el clavo, la nuez moscada, la ruda, la galanga, el perejil, la cayena, el anís, el ajonjolí....., por no citar más que algunas.

 

Con cilantro cocinaban la mayor parte de los platos, ya que además de apreciar su aroma, lo consideraban por sus propiedades digestivas. El comino se utilizaba en la elaboración de platos con vinagre y salsas sofritas, y también espolvoreado sobre huevos revueltos. El azafrán, era utilizado en la preparación de distintas carnes, y en especial de las famosas albóndigas. El orégano y la alcaravéa eran considerados por sus propiedades carminativas, y se aconsejaba su uso en la preparación de las legumbres y de la col, ya que "disuelve ventosidades". La canela se utilizaba para la repostería, la preparación de las carnes guisadas y de volatería. El tomillo y el espliego se utilizaban principalmente para condimentar la caza.

Con la compleja alquimia de las especias se conseguían decenas de formas distintas de preparar la carne, así como el pescado o las mismas verduras, consiguiéndose una gama de sabores desconocidos en aquella época, y que daban fe de la refinada y exquisita gastronomía que se desarrolló en al-Andalus.

.Producto de esta incorporación de especias exóticas al consumo andalusí, fueron los "xarab" de donde proviene la palabra jarabe. El xarab era un cóctel de frutas, especias, flores y hierbas del más diverso perfume y sabor.

Otro de los innumerables vocablos heredados de la cultura andalusí es la palabra sorbete (del árabe sherbet). En los largos y calurosos veranos de Al-Andalus, se mitigaban los rigores del sol con esencias de flores y frutos, mezclados con agua fría o con hielo. Para ello (hablamos especialmente del reino de Granada), excavaban pozos de diez metros de profundidad, donde metían la nieve de Sulayr (Sierra Nevada), que les duraba hasta el mes de julio. Si el pozo era de veinte metros, el depósito de hielo duraba todo el año. Estas neveras de la época musulmana también se dieron en la zona de la Sharquía, queda un magnifico ejemplar en Xátiva, perfectamente conservado.

 

A los andalusíes debemos también la introducción de la caña de azúcar en Europa, que vino a sustituir a la miel en su función de edulcorante, aunque ésta continuó siendo siempre muy valorada. Como las especias, el azúcar tiene numerosas cualidades y ventajas, no siendo la menor de ellas su utilidad para mantener conservados durante algún tiempo unos alimentos tan frágiles y tan perecederos como las frutas, que en tanta abundancia y variedad conocieron los musulmanes en general. De su importancia debió de ser consciente el propio almirante Cristóbal Colón, quien llevó la caña de azúcar al continente americano en uno de sus primeros viajes.

En Europa hicieron fortuna -y lo siguen haciendo- las combinaciones de azúcar y frutas, en formas de jaleas, mermeladas, refrescos... que fueron recibiendo curiosos nombres de sabor oriental, como arropes (jarabe de mosto con trozos de fruta). del árabe rubb (zumo), jarabes y siropes del árabe sharáb (bebida), o sorbetes (del mismo origen, también incorporado al turco).

 

Los cereales, base de la alimentación de los andalusíes, eran utilizadas en forma, no sólo de pan, sino de gachas, sémolas y sopas. Se mejoraron las especies ya existentes, y se introdujeron otras nuevas como las reunidas en el tratado del geópono granadino al-Tignarí (siglos XI y XI), llamado Kitab Zuhrat al-bustán ua nuzhat al-adhan ("Libro del esplendor del jardín y recreo de las mentes"): el trigo negro, el trigo rojo (al-ruyún), y el tunecino. De hecho existe una clase de trigo que no se consume habitualmente en nuestro país y sólo se encuentra en las tiendas especializadas en dietética, llamado "trigo sarraceno", que conserva íntegra su cáscara, y es de textura agradable y cremosa.

Entre las primeras tareas de las mujeres de la casa, constaba la de amasar una cantidad de harina suficiente para el pan de todo el día. Una vez hecha la masa, se colocaba encima de una tabla de madres y se tapaba con una servilleta; a continuación, se mandaba por medio de algún chiquillo a cocerlo al horno. Cada casa tenía una marca específica que imprimía en el pan, por la cual se sabía, una vez cocido, a quién pertenecía.

Con harina de trigo se elaboraba la pasta que, contrariamente a la creencia de que fue Marco Polo quien la introdujo en Occidente -trayéndola de la China-, procedía del Norte de África; aunque también es cierto que en China se elaboraba desde hacía tiempo, pasta de arroz.

Un plato muy popular eran los fideos ("fidaws", del verbo "fidear": crecer, extravasarse...). se preparaban a base de una masa fluida de harina, que posteriormente se colocaba en un colador, presionándola hasta que se formaban los fideos a través de los agujeros, secándose posteriormente al sol. Se cocinaban con carne de cordero, o bien con leche y miel a modo de postre.

Otro producto hecho a base de pasta eran los macarrones ("atriyya"), palabra de la que deriva "aletría", con la que se denomina todavía hoy en Murcia a los macarrones.

Pero sin duda la manera más apreciada de utilizar la harina de trigo, era en forma de sémola, con la preparación del famoso cuscús, plato de origen beréber, que fue introducido por los almohades en el siglo XIII, y pronto se convirtió en uno de los más prestigiosos durante el reino nazarí de Granada.

 

La carne más consumida por los hispanomusulmanes era la de cordero, vaca, cabrito, conejo, así como todo tipo de volatería, y caza de venado, muy estimada por ellos. Se preparaba de mil maneras distintas, tanto asada, como guisada o frita. La tradición beréber las guisaba con hinojo, berenjena, acelgas, espinacas, e incluso melón y pepino. Por el contrario la tradición oriental, las cocinaba con almendras, ciruelas, pistachos, trufas, dátiles, o alguna fruta como la cidra o el membrillo, con los que se obtenía una extraordinaria textura. ¡Todo ello bien especiado y aromatizado!.

Con la carne triturada, se elaboraban unas famosas salchichas de cordero y vaca. Las albóndigas ("al-bunduqa": la avellana, la bola) provenían de Bagdag y eran muy habituales en al-Andalus, todavía se conserva su receta como un clásico de nuestra cocina

El pescado, era también apreciado, tanto el de agua salada como el de agua dulce, si exceptuamos los que se crían en el cieno y en aguas estancadas. Se preparaban de distinta formas, frito en aceite de oliva, relleno con una masa a base de migas de pan y especias, guisado con nabos, en escabeche ("iskabay", adobo realizado a base de vinagre y especias) y "almorí", que consistía en una pasta elaborada con harina, miel, sal, uvas pasas, avellanas y almendras trituradas, que servía para agregar y dar sabor a las salsas. Decía Ibn Zuhr (Avenzoar), que la mejor manera de todas, era escaldandolo en agua y poniendolo a continuación en una cazuela de barro con un poco de aceite, vinagre y jengibre.

También los frutos secos y los productos lácteos eran muy utilizados y valorados, de lo que dejaron amplia constancia los dietólogos andalusíes Ibn Razi, Ibn al-Baytar, y al-Arbuli, entre otros. De la leche se aprovechaba todo, elaborándose una espesa mantequilla que a menudo se batía con sal, con el propósito de conservarla mejor. También se estimaba el queso tierno, y un modo muy usual de tomarla era cuajada, lo cual se conseguía, como explicaba Ibn Razi, agregándole cuajo de cabra. Se servia fresca y acompañada de miel.

Tanto la corte como el pueblo, eran amantes de los placeres que la imaginación y los bienes que la tierra proporcionaban. La disponibilidad de muchos productos en cualquier momento, motivó la aparición de una literatura culinaria, que, por otra parte, era reflejo de una sociedad que tenía una cocina rica y variada.

Varios hitos marcaron el "arte de la buena mesa" andalusí; en el siglo IX, con la llegada a al-Andalus del kurdo "Ziryab", procedente de Bagdag, se estableció el orden determinado en que los platos se servían a la mesa, tal y como hoy lo conocemos: primero sopas y caldos, después entremeses, pescados y carnes, y finalmente, los postres.... suprimiendo el modo caótico y desordenado en que se servían los manjares hasta entonces. Fue también él quien introdujo el uso de la cuchara y de las copas en la mesa.

Uno de los aspectos en que mejor se ha conservado la influencia andalusí en nuestra cocina es en la repostería, dulces de almendras, pistachos y delicados piñones rociados con agua de azahar y e rosas y embebido en miel transparente y dorada, hojaldres, masa-quebradas espolvoreadas con azúcar fino y semillas de ajonjolí (sésamo), con aceite de almendra dulce, o de sésamo.

En al-Andalus encontramos dos grandes grupos de dulces, ligados a los procesos básicos de elaboración: fritura y horneado; no obstante, también se daban otras formas combinadas o intermedias. A nivel popular los más consumidos eran los fritos, las frutas de sartén, especialmente los buñuelos y las almojábanas.

Las almojábanas eran una tortas blancas de queso, preparadas de la misma forma que los buñuelos: se amasaba harina con agua hervida y aceite y se le añadía leche hasta formar una pasta; tras esta operación se freían y, finalmente, se metían en miel. La única distinción entre ambos dulces, era la forma geométrica de los mismos y la capa de queso que se ponía en medio de la masa de las almojábanas.

Del carácter eminentemente popular de ambos dulces dan sobrada cuenta las múltiples amonestaciones de los almotacenes andalusíes a quienes los preparaban en los zocos, con el fin de evitar fraudes, al mismo tiempo que les indicaban la forma correcta de elaborarlos. En este sentido se pronuncian los almotacenes Ibn `Abd al-Ra´üf, al Saqatï e Ibn `Abdün:

"El queso de las almojábanas tiene que lavarse; las sartenes para freír buñuelos y almojábanas estarán estañadas, porque el cobre con el aceite cría cardenillo, que es muy venenoso"

"Los buñuelos hay que freír en un buen aceite de oliva, no poniendo en su masa más que agua hervida"

Los buñuelos se preparaban y consumían bastante en los zocos, por lo que encontramos una información muy detallada en los tratados de hisba. El almocatén al-Saqatï presenta la proporción correcta de sus ingredientes; también son mencionados con detalle por Ibn `Abdün.

Estos buñuelos, con muy pocas variaciones, se siguen elaborando en el norte de África: Túnez y Marruecos y en España: Valencia y Jerez, en la zona jerezana se preparan unos "buñuelos enmelados", mientas que en Valencia son azucarados.

Buñuelos. Marruecos 1995

 

Otro gran grupo son los que podríamos llamar "dulce puros", donde aparecen los turrones, los mazapanes, caramelos blandos y duros, merengues, etc. Las materias primas eran, aparte de la miel y el azúcar, almidón en polvo, aceite, frutos secos de corteza dura, a veces huevos y/o leche y, a menudo, productos aromáticos y especias.

Los tratados de cocina y de hisba mencionan algunas de estas variedades de dulces, entre las que podemos reconocer ciertos tipos -o precedentes- de turrón. Sobre el origen de este dulce y su conexión con la gastronomía andalusí, existe una amplia bibliografía, podemos decir que el "dulce blanco" que mencionan los textos andalusíes, o base actual del turrón, se había difundido por todo al-Andalus y era conocido antes de que los repobladores catalano-aragoneses entraran en la zona valenciana (Sharq al-Andalus), aunque su actual nombre no tiene ninguna relación con el árabe. Fue Enrique de Villena quien en 1421 utiliza por primera vez el nombre turrón, adaptándolo al castellano a partir del "torró".

Ruperto de Nola da las recetas de bastantes dulces de origen árabe: "almendradas", "mazapanes", "empanadas de azúcar fino", "toronjas de Xátiva", aparte de otras de origen morisco que recoge la literatura de esta época (siglos XVI y XVII).

se conocen documentos que constatan envíos, a partir de 1420, de grandes partidas de dulces y confites a diversos reyes aragoneses -Alfonso V- y castellanos -R. Católicos- elaborados por confiteros valencianos; igual sucede entre los nobles y cortesanos. También se constata a través de ellos que no hay fiestas dignas sin dulces - confeccionados a base de especias y frutas exóticas- que son el complemento indispensable de todo los regocijos y las grandes celebraciones, por lo que no podemos olvidar el papel que desempeñaron los moriscos en la conservación y transmisión de muy diversos aspectos de la vida andalusí, en este caso en concreto, en el "comer dulces".

 

Filosofía de la cocina andalusí

para el espíritu analítico de los doctos andalusíes, muy versados en las ciencias especulativas, también la cocina tenía su importancia conceptual, científica y su propia filosofía. Desde esta perspectiva, los alimentos eran ante todo un medio para conservar y recuperar la salud: toda una obligación para los musulmanes, que consideran la higiene y el cuidado corporal como algo natural e imprescindible en la vida del hombre, y como algo obligatorio en la vida del creyente. Al respecto de una alimentación adecuada, el propio profeta Muhammad decía: "El estómago es la alberca del cuerpo a donde llegan numerosos vasos sanguíneos; cuando el estomago está en buena forma, los vasos llevan salud, y cuando está perturbado, llevan consigo la enfermedad".

Los hispanomusulmanes se basaban pues, en este concepto y en la ciencia que preconizaba que, para evitar y combatir las enfermedades es necesario adaptar el régimen alimenticio a las posibilidades físicas y psíquicas de cada individuo. Esta ciencia, basada en la teoría de los cuatro "humores" corporales, consideraba para una correcta nutrición, el temperamento, la complexión y la edad de la persona, así como el clima y la estación del año.

Por ello, muchos médicos poseían amplios conocimientos culinarios, y, también, los cocineros tenían conocimientos médicos. Esto era realmente una ciencia de vanguardia, si consideramos la escasa información que poseen hoy estos profesionales, sobre ambos campos, sin embargo tan interrelacionados entre sí. No olvidemos que en los años posteriores a la conquista cristiana muchos de estos conocimientos fueron tildados de brujería, y motivo suficiente para llevar a la hoguera a quienes los poseían.

 

En base a estas premisas, se escribieron numerosos tratados médico-dietéticos, que incluían, por lo demás, toda clase de atractivas y apetitosas recetas. En aquel entonces, no sucedía como ahora, en que la palabra"dieta" se asocia con "enfermedad", y parece ser contraria al placer culinario.

En estos libros, como el "Tratado sobre los alimentos" de al-Arbuli, la primera parte está dedicada al análisis de las propiedades curativas y bromatológicas de los alimentos, señalando las diferentes cualidades de cada producto y sus posibles efectos negativos si son consumidos inadecuadamente. También se explica la forma de corregir, en su elaboración, estos efectos. Después consta de un amplio repertorio de recetas.

Al respecto de las personas más indicadas para la elaboración de la comida, Ibn al-Jatib, en su "Libro de Higiene" decía: "...si experimentan cólera, temor o adulación, no deben desempeñar este Arte, sino solamente, aquellos otros sobre los que esté fuera de duda la sospecha y tengan depositada la confianza de las gentes nobles, las esposas virtuosas, los maestros y los más dignos de la religión y de la piedad...".

Además de tener en cuenta estos aspectos, como norma de salud y para preservar la longevidad -cosa que los hispanomusulmanes consiguieron, pues era proverbial su fuerza física y los largos años de vida que alcanzaban- se recomendaba comer alimentos apetitosos, pero en poca cantidad. En este sentido el propio Profeta decía: "No mortifiquéis el corazón con un exceso de comida y de bebida. Porque el corazón es como una planta, que se muere por exceso de agua" , en otro hadiz hace referencia a la conveniencia de destinar 1/3 del estomago para la comida, 1/3 para el agua, y el otro tercio para el aire.

Hoy en día la medicina tradicional, así como las alternativas, han comprobado el perjuicio tan grande que produce en el organismo una sobrealimentación -el mal de nuestra época-, sobrecargándole y atrofiándole a menudo en sus diversas funciones.

 

Cocinando con Averroes

 

Una lectura un poco cuidadosa de los textos médicos de Ibn Rushd (1126-1198), el Averroes de los latinos, muestra enseguida el peso del andalucismo del filósofo cordobés. Así, al tratar del aceite de oliva, escribe:

«cuando procede de aceitunas maduras y sanas, y sus propiedades no han sido alteradas artificialmente, puede ser asimilado perfectamente por la constitución humana (...) Los alimentos condimentados con aceite son nutritivos, con tal que el aceite sea fresco y poco ácido (...) Por lo general es adecuada para el hombre toda la sustancia del aceite, por lo cual en nuestra tierra sólo se condimenta la carne con él, ya que éste es el mejor modo de atemperarla, al que llamamos, rehogo. He aquí como se hace: se toma el aceite y se vierte en cazuela, colocándose enseguida la carne y añadiéndole agua caliente poco a poco, pero sin que llegue a hervir» (Kulliyat).

También señala las propiedades alimenticias del arroz con leche; y su predilección por las berenjenas:

«con las berenjenas se hacen en nuestro país muchos platos delicados. Después que sueltan la primera agua de cocción y se cuecen con su abundante carne, son muy deliciosas» (Kulliyat).

Habla de las propiedades de las calabazas andalusíes, que exigen una cochura prolongada; de cómo en el campo se comen los cañamones. Alaba la propiedades de las espinacas, y prefiere los higos y las uvas a los restantes frutos, aunque también resalte las propiedades de las granadas. Pero sus elogios culminan al referirse a los huevos que lo curan todo, desde los dolores oculares a las almorranas, descubriendo el popular plato de los huevos fritos:

«cuando se fríen en aceite de oliva son muy buenos, ya que las cosas que se condimentan con aceite son muy nutritivas; pero el aceite debe ser nuevo, con poca acidez y de aceitunas. Por lo general, es un alimento muy adecuado para el hombre» (Kulliyat). Véase Inés Eléxpuru: La cocina de al-Andalus, Alianza, Madrid 1994.

Averroes en su Kitab al-Kulliyat fi-l Tibb ("Libro sobre las generalidades de la Medicina") —Edición de J.M. Fórneas Besteiro y C. Alvarez de Morales, Madrid, 1987—, después de enfatizar las cualidades de las granadas, dice: «Los mejores frutos son los higos y las uvas. La calidad del higo es cálida y húmeda, tonificando el estómago y aligerando el vientre... Cuando son cocidos durante largo tiempo, se parecen a la miel».

véa también Sami Zubaida y Richard Tapper: Culinary Cultures of the Middle East, I.B. Tauris, Londres, 1994; Jeffrey Alford y Naomi Duguid: Flatbreads and Flavors: A Baker's Atlas, William Morrow and Company, Nueva York, 1995; Habeeb Salloun y James Peters: From the Lands of Figs and Olives, Interlink Books, Nueva York, 1995.

 

Clasificación de los sabores en los textos científicos árabes

Tradicionalmente han sido cuatro los sabores básicos reconocidos en la alimentación de todos los pueblos desde la más remota antigüedad, correspondientes a las cuatro sensaciones que el órgano del gusto puede apreciar en los productos que ingerimos, chupamos o mascamos: dulce, salado, amargo y ácido (en árabe: hulw, malïh/mälih, murr y hämid).

en pleno apogeo del reino nazarí de Granada, el polifacético autor Ibn al-Jatïb, en su interesante obra sobre la higiene, establece una amplia división de los sabores, relacionados con las características individuales de los alimentos. En ella, además de los sabores ya señalados, incluye otros cuyas cualidades se encuentran en íntima relación con la composición química de los alimentos, entre ellos lo aceitoso o untoso. Destaca que el sabor no es solo una sensación, algo relacionado con el placer o la estética del gusto, sino que interviene en la prevención y curación de la salud, tanto fisiológica como psíquica.

Ibn Sayyär al-Warräq escribió en la segunda mitad del siglo X el recetario culinario árabe más antiguo que se conoce, tiene varios capítulos dedicados a las normas dietéticas que deben regir la alimentación, y divide los sabores de los alimentos en dulce, salado, ácido, graso e insípido.

En cuanto a los dos recetarios andalusíes que se conocen, ambos del siglo XIII, es el Anónimo editado y traducido por A. Huici Miranda el que presenta un mayor contenido de carácter dietético. Temática que tiene menos presencia en el autor levantino (de Sharq al-Andalus) Ibn Räzïn al-Tuyïbï

 

El dulce:

Los productos estrella para endulzar eran el azúcar y la miel, a los que dedicaremos un apartado especial debido a su importancia, pero también se empleaban otros productos edulcorantes. Las obras geopónimas andalusíes exponen diversos procedimientos para la obtención, a partir de determinadas plantas, de algunos sucedáneos endulzantes. Además se utilizaba el almíbar.

En la cocina de al-Andalus hay también otros elementos que prestan sabores dulces: platanos, dátiles, pasas, y aceites dulces en general.

El arte culinario preparaba y combinaba los alimentos con la finalidad de obtener sensaciones gustativas y sensoriales agradables, sorprendentes y nuevas; encontramos combinaciones de dulce, especiado, salado y azucarado. Esta mezcla de sabores, supuestamente antagónicos, bien utilizada resultaba exquisita y se consideraba muy refinada. Por ejemplo la utilización de la canela, la pimienta, agua de rosas o azahar, limones o naranjas, los frutos secos... en la elaboración de los dulces más apreciados.

El salado:

La presencia de variados elementos endulzantes -miel, azúcar, frutas secas, pasas, aceites dulces, etc.- en los platos "salados" era habitual en la cocina andalusí, ahora bien, cada uno de ellos con distinta finalidad. Evidentemente la importancia de estos ingredientes que prestan un sabor dulce a la comida, no puede compararse, ni cualitativa ni cuantitativamente, a la de los dos edulcorantes por excelencia: miel y azúcar, que aparecen, sobre todo la miel, en recetas muy variadas de diversos tipos de carnes, o en los combinados de cereales y carne, aunque nunca aparecen en los platos de pescado, donde el sabor dulce lo aportan las frutas; ni en los que llevan huevos como ingrediente básico

 

Cortesía, higiene y aplicaciones cosmético-dietéticas

Es un principio de la cortesía musulmana al recibir por primera vez a un invitado, el saludarle con el tradicional as-salamu aleikum, que es un saludo islámico deseando paz y salud, y seguidamente el ofrecerle leche acompañada de dátiles con almendras. El vaso de leche es un símbolo de la pureza de sentimientos, libres de toda hostilidad. Los dátiles que lo acompañan, soporte alimenticio de los musulmanes , por excelencia, es el símbolo del ofrecimiento de ayuda material, y las almendras son un alimento altamente nutritivo y agradable.

Hay una larga lista de recomendaciones sobre el beber y el comer, provenientes de la Sunnah o Conducta del Santo Profeta del Islam, Muhammad y retransmitidas por los sabios del Islam, como las siguientes escritas por el teólogo iraní Allamah Muhammad Baqir Ibn Muhammad at-Taqi al-Maÿlisí (1628-1699):

«No hay que ser pródigo en materia de comer y beber.

No comáis nada cuando tengáis el estomago lleno.

Es Sunnah lavarse las manos y la boca antes y después de las comidas.

Es conveniente decir Bsmilah ("en el Nombre de Dios") cuando se pone la comida en la mesa, y empezar y terminar las comidas con una pequeña pizca de sal.

Comer con los sirvientes y sentados en el suelo es Sunnah

No toméis la comida cuando está demasiado caliente.

Limpiaros los dientes después de haber comido»

(Allamah al-Maÿlisí: Buenas costumbres y actitudes en el Islam, Agreg. Cult. Embaj. Rep. Islámica del Irán, Madrid, 1996, págs.18-19).

Han quedado muchas referencias sobre los usos cosméticos en el recinto del "Hammäm". También sobre el cuidado corporal, la utilización de aceites, aguas perfumadas, perfumes, bálsamos, aceites aromáticos.... Sobre el cuidado de los ojos, de las uñas, del cabello, del cutis y de la epidermis en general. Pero nosotros nos vamos ha centrar en el cuidado de los dientes, de la boca y del aliento.

Para cuidar los dientes, se aplicaba un dentífrico compuesto de cortezas de raíz de nogal, cocidas en agua hasta que se consumía el líquido, agregando sandáraca india, clavo y cilantro machacados. Con esta pasta se frotaban los dientes en el dedo índice, mediante suave masaje, y se enjugaba la boca con agua tibia o con una cocción de juncia.

Otro de los dentífricos recomendados se elaboraba a base de rosas, cáscaras de granada, simiente de acedera, y simiente de mastuerzo, trituradas con hojas de cidra seca.

Los andalusíes se preocuparon mucho de su aliento, buscando que estuviera siempre perfumado; la cantidad de recetas para combatir el mal aliento que se descubren en los recetarios médicos consultados lo revela como una auténtica estadística.

Entre otros cuidados, el mal aliento se combatía evitando comer ajos y cebollas. También con pastillas perfumadoras a base de clavo, nuez moscada, almástiga, madera de naranjo y de cilantro, añadiéndose jarabe de cáscara de toronja.

Otro de los dentífricos para perfumar el aliento se elaboraba a base de juncia, cortezas de cidra, nardo, clavo, nuez moscada, "sukk" (medicamento compuesto de almizcle, mirobálano émblico o nuez de agalla y uva pasa, según Ibn al-Hachcha. Otros autores incluyen entre sus componentes aceite de alhelí, aceite de oliva y también jugo de dátiles. Según el médico al-Räzï, este medicamento elimina el olor de la sudación), agáloco, canela, hinojo, cidra, cardamomo pequeño, cubeda y almizcle; pulverizándolo todo y frotándose los dientes con este preparado.

También se podían amasar estos polvos con agua de manzana y hacer unas pastillas que, introduciendo una de ellas en la boca por la mañana, perfumaba el aliento durante toda la jornada.

 

Platos estelares de la cocina andalusí

Uno de los platos estelares de la rica cocina andalusí era la famosa "tafaya" especie de guiso de carne o pescado, ligado con almendras trituradas y con coriandro (o cilantro). Se le denominaba "Blanca" o "Verde", según el cilantro fuese seco o fresco.

La codorniz, la perdiz, y la paloma, además de deshacer cálculos y ser afrodisíacas, según decía al-Arbuli, servían para preparar unos deliciosos pasteles elaborados a base de estas carnes troceadas, huevos, almendras, canela y miel. Estos pasteles de hojaldre fueron los antecesores de la "pastela" marroquí, que se elabora casi de la misma forma. Y en Murcia, existe un pastel tradicional, llamado de carne, que sin duda tiene su origen en ese tipo de empanadas.

La "zirbaya" fue otro de estos afamados platos; se componía de carne de cordero, ternera o incluso pollo, cocinada con una base de azúcar, almendras y vinagre, muy indicada para personas que hubiesen sufrido hemorragias o se hallasen convalecientes.... Esta receta, muy popular por entonces, fue introducida -entre otras muchas- por Ziryab, y probablemente de ahí proceda su nombre.

En la cocina de al-Andalus, eran muy característicos los platos a base de sémolas, grano, o migas de pan, mezclados con carne o pescado. Entre estas gachas, se han rescatado de antiguos manuscritos, la "Harisa" y la "tarida", ambas a base de cereales y carne, que también se podían cocer con leche en lugar de agua. La "asida" era otra de estas conocidas gachas, y consistía en una masa hecha con agua y harina de trigo, a la que se agregaba alguna grasa y diversas verduras frescas.

El arroz, importante elemento de la cocina mediterránea, se preparaba durante los acontecimientos familiares especiales, en grandes cazuelas a fuego lento, añadiéndole trozos de las más variados pescados y especias. Estos guisos, que aparecen después a menudo en los recetarios de la cocina morisca, muy bien podrían ser los antecedentes de la apreciada paella.

Y lo que sin duda procede de la cocina andalusí, es el clásico "arroz con leche", cocido con azúcar y canela, y que no puede faltar en cualquier recetario español que se precie.

 

Algunas de las recetas que se cocinaban en al-Andalus

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