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La noria de Alcantarilla
A.L. Riquelme Manzanera. Director del Museo Etnológico de la Huerta de Murcia. Alcantarilla, 2000


"Hay en Mursiya tantos jardines de ramas ondulantes, tantas norias, que cantan notas musicales..."
Al-Saqundí: Elogio del Islam español. S. XIII. E. García Gómez. Madrid-Granada, 1934, p: 15.
 

D. Julio Caro Baroja, en el exhaustivo estudio realizado sobre "Norias, Azudas y Aceñas", prueba que no son los árabes quienes crearon la rueda de corriente de agua, aunque sí los difusores a gran escala del procedimiento hidráulico en España.

Tras profundas investigaciones por entendidos analistas, se observa que en esta ingeniería se traslada, hasta nuestra geografía, procedente de los territorios helenísticos, aunque el área de expansión proviniera de la antigua Alejandría; que, a su vez, recibiría la técnica del Asia Anterior, con posibilidad de que este invento hidráulico se originase en el Río Orontes.

Marco Vitrubio Polión (S. I a de J.C.), arquitecto romano, tras servir en Egipto y Siria -donde ya disponían de norias- como ingeniero militar al servicio de Julio César, nos da a conocer varios tipos de ruedas elevadoras de agua en tiempos de Augusto; escribiendo para el emperador la famosa obra "De architectura", tratado de las artes del agua y de los acueductos; notable trabajo, por los datos que aporta, sobre las construcciones arquitectónicas romanas, basadas en líneas generales en las autoridades griegas en la materia.

En las minas de Huelva, en diversos puntos de Itálica, Tarraco, Mérida y otros muchos asentamientos romanos, aparecieron ruedas que elevaban el agua mediante cajones integrados, alojados en los segmentos de la circunferencia de las coronas; igual que la estructura de nuestra noria de Alcantarilla. Muy diferentes son las árabes, cuyo aparejo está arrostrado por travesaños que forman polígonos cerrados y arcaduces -cangilones- de barro, cobre o madera, sujetados de forma independiente, con cuerdas, al perímetro de la Noria. Por tanto diremos que la descripción geométrico-mecánica de la rueda de Alcantarilla es semejante a la de tipo romano, aunque su cronología se encuentre circunscrita a los tiempos del Islam.

La explicación de esta geometría del artilugio, semejante a las de tipo romano, podríamos deducirla de la necesidad de los árabes de ampliar y modernizar las viejas estructuras y restos hidráulicos que los latinos dejaron en las tierras de riego, posibilitando la renovación y nuevas construcciones, además de mantener y copiar las que se encontraban perfectamente funcionando en estas latitudes.

No obstante, caso curioso resulta, con lógica contrariedad para investigadores y estudiosos de este campo, cuando sucede que, el Acta del Concejo de Murcia, en 1374 aparece fechada con el Sello de la Capital, mediante un dibujo expreso de una Rueda-Noria, representando más la fisonomía de las complejas y frágiles "ñoras" árabes que a las que realmente se han encontrado definidas a lo largo de los últimos siglos en la huerta de Murcia, de extraordinaria factura y sobriedad romana, como lo es la de este Museo Etnológico de la Huerta de Murcia.

Ciñéndonos a sintetizar la investigación histórica del origen de la rueda del Museo Etnológico de la Huerta de Murcia, tan estimada por propios y extraños, y de la que se ha dicho que es el rostro por el que se conoce a Murcia en el extranjero, puede llevarnos a recurrir al elucidario sin límite" a fórmulas tan vagas que, sin duda, nos hunden más en la incógnita".


Aunque el acueducto y muros de ladrillo donde se apoya, según arqueólogos, ingenieros y arquitectos denota que existiría una anterior Rueda, de menor diámetro que la de hoy, solo disponemos de documentación de su instalación a partir del S. XV. El 10 de julio de 1451, el deán de la Iglesia de Cartagena, Fernán Alfonso de Oña, manifestaba ante el Concejo de Murcia: "... de cómo en término y territorio del lugar de Alcantarilla, que es de los señores obispo, deán y cabildo de este Iglesia de Cartagena ..., por beneficio de esta ciudad y de los dichos secanos..., él se disponía a hacer en la actual Acequia Mayor de Alquibla (Barreras), una añora que sacase agua... Y los dichos señores del Concejo y Correjidores... mandaron que se dé la dicha licencia para poner dicha añora a la dicha acequia, parte debajo del cabezal de la acequia del Turbedal..." (Murcia, Archivo Histórico Municipal. Actas Capitulares del Concejo de 10-VII-1451).

Más tarde, el 15 de noviembre e 1550, tras larga serie de pleitos entre las autoridades civiles y eclesiásticas, en los que intervino el Corregidor Cristóbal López, se llegó a un acuerdo para remozar el artefacto. La nueva rueda tenía cuarenta y cinco palmos de diámetro, con un caudal de riego para 3000 tahullas.

La última y vieja rueda, de la que se conocen todos sus datos, había sido construida en tiempo de Isabel II, bajo la regencia de su madre María Cristina, por encargo al carpintero artesano de esta villa,Pepe Jesús Ortíz, que a su oficio unía el cargo de Alguacil Mayor del Concejo, cuya referencia es descrita por Pascual Madoz, en su célebre Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus Posesiones de Ultramar:

"A la parte N de Alcantarilla hay colocada una rueda de madera que en su movimiento recoge, por medio de 56 cajones, agua suficiente para regar 696 tahullas; de ellas 588 en el término de Alcantarilla y 108 en la diputación de Nonduermas".

Posteriormente, en el Libro de Reención y Nueva Pertenencia (Vitrina Sala I del Museo), en el año de 1850 el artilugio vuelve a reponerse, constando que la máquina y sus derechos de riego son adquiridos por el Heredamiento de Propietarios de la Villa de Alcantarilla, en 36.666 reales con 22 maravedíes, donde, a pesar de esta compra, sus beneficiarios se obligaron a pagar a la antigua propiedad, la Fundación del Cardenal Belluga, 1.100 reales anuales y el derecho de riego gratuito para dieciséis tahullas del huerto de los frailes.

Como deducción del estudio realizado por especialistas, la actual rueda metálica parece reflejar la estructura de la noria de madera a la que sustituyó, que igualmente había sido construida por el artesano carpintero Salvador Ortíz Arnaldos en 1890, quien viajó a Barcelona para encargar el eje de la nueva rueda y documentarse a la vez sobre la evolución de estos ingenios, con vistas a ser aplicados a un mayor rendimiento. Fue felicitado por el éxito de su rueda, al conseguir elevar doble cantidad de agua que la noria vieja.

La actual rueda de hierro fue instalada en 1956 por la Sociedad Metalúrgica Naval y Terrestre de Alicante, interviniendo en el diseño y operaciones de montaje la saga de artesanos locales de este tipo de ingeniería hidráulica, Francisco Ortíz (padre) y Francisco Ortíz (hijo). El importe de este nuevo artefacto ascendió a 300.000 pesetas, que se pagaron por los más de doscientos propietarios que integran el Heredamiento de la Rueda de Riegos.

El ingenio es movido por el agua de una de las dos acequias mayores o madres, en concreto la "Alquibla" o Barreras, que regulan el Sistema de Riegos Tradicional de la Huerta de Murcia. Es, pues, la del Conjunto Monumental de este Museo de la Huerta una típica rueda de corriente, dotada de unas características específicas que trataremos de reseñar. Mide 11 metros de diámetro por 1,90 m de anchura. Las dos coronas o costados circulares del artilugio poseen llantas huecas integradas de sección rectangular, donde se alojan 72 cngilones (36 por corona), abriendo su boca lateralmente hacia la cara externa, para repartir el agua por gravedad en su movimiento giratorio, sobre dos canales superiores sobre el acueducto, a la altura máxima de su gálibo. Las coronas quedan armadas mediante la sujeción de 24 radios (12 y 12) arriostrados, alternativamente, cada tres cangilones. La disposición de los travesaños origina en cada costado un doble anillo concéntrico de perímetro poligonal. Entre corona y corona, a nivel de cada cangilón, se tienden 36 paletas rectangulares de perfil parabólico contra las que choca la corriente de agua.

 

La energía se produce mediante el impacto de agua en caída, procedente del ancho canal, cuya figura es un embudo que concentra la fuerza, ejerciéndola con el salto de la corriente en dirección al estrechamiento del cauce, donde verticalmente se encuentra interpuesta la rueda. Se sostiene sobre un sólido eje horizontal de hierro dulce redondo, de 0,40 m de diámetro, hacia el que convergen los radios sujetos por sendos platos internos, fundidos al mismo. Los extremos de este eje se embuten en cojinetes de bolas de acero que, a su vez, se encajan en los flancos de obra, formados por unos potentes muros de ladrillo macizo, con dos arcos apuntados, sobre dicho eje, de 1,85m y 2,10 m de luz, por cuyas cumbreras discurren los canales donde vierten los cangilones.

Las dos márgenes que reciben el agua para llenar, independiente o conjuntamente, sendos acueductos fechados entre los siglos IV al XVIII (según informe técnico de la Dirección General de Cultura de 12 de noviembre de 1991), circulan en sentido contrario; el primero, seccionado por la Carretera Nacional 340 Barcelona-Cádiz, hacia el norte, hacia el Cerro Ibérico del siglo V a.C.; respecto al segundo acueducto, con una longitud aproximada de 200 metros, y 26 arcos de medio punto, rebajados ligeramente y de 4 m de luz, su destino es el sur. Durante este siglo llegaron a regar más de 1.000 tahullas.

Esta pieza fundamental de riegos se encuentra incluida en el recinto del Museo Etnológico de la Huerta de Murcia, declarado "Monumento Histórico-Artístico Nacional" por Real Decreto 1757/1982 de 18 de junio.

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