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de la cárcel de San Vicente Cripta Arqueológica
de la Cárcel de San Vicente (Valencia)
Ayuntamiento de Valencia. Valencia, 1998
| | La figura de
San Vicente Mártir | | | Iconografía
vicentina | | Extractos de: | La
cárcel de San Vicente de la Plaza de la Almoina | | | Itinerario
vicentino | | | Los
restos arqueológicos exhibidos | | Catálogo
de piezas expuestas | | La intervención
arquitectónica | | Criterios de
musealización | Para
más información, consulte el ejemplar disponible en la biblioteca
del Centro Cultural Islámico de Valencia. Los
restos arqueológicos exhibidos Miquel Roselló y Rafaela
Soriano. S.I.A.M. Ayuntamiento de Valencia
| Las excavaciones arqueológicas en el número
3 y 5 de la plaza de la Almoina se iniciaron en el mes de abril de 1989. El solar,
que abarcaba lo que históricamente habían sido varias casas con
fachada tanto a la plaza de la Almoina como a la del Arzobispo englobaba la denominada
Cárcel de San Vicente. La expectación en torno a los resultados
de esta intervención arqueológica era grande, ya que unos años
antes el SIAM había excavado en el monasterio colindante a la iglesia de
la Roqueta (actualmente Parroquia de Cristo Rey), documentando un área
cementerial bajo-imperial cuyo inicio pudo deberse a la cercanía de la
tumba del mártir. Este hecho despertó entre los investigadores de
historia antigua de la ciudad el interés por los tradicionalmente denominados
"lugares vicentinos". Los resultados de la excavación superaron
con creces las expectativas iniciales. |
[Ampliar] | El
solar estaba situado en lo que fue el núcleo fundacional de Valentia
y muy próximo a las excavaciones del gran solar que ha pasado a denominarse
de la Almonia, pues en él se encontraba este edificio medieval. Desde el
año 1985 se venían encontrando aquí importantes vestigios
de todas las etapas históricas por las que había atravesado la ciudad.
A destacar el hallazgo del límite oriental del foro romano-imperial, la
necrópolis y una basílica del conjunto episcopal visigodo y el alcázar
musulmán. Era de suponer que, en mayor o menor medida, estos restos se
extendieran a la zona vecina. [...] Entre
los años 711-715 los musulmanes se hacen con el control de la Hispania
visigoda, llamada a partir de entonces al-Andalus, y se instala un nuevo régimen
político-religioso. En la mayoría de las ciudades se produjo un
trapaso pactado de poderes. Para las tierras meridionales de la zona valenciana
- Tudmir- contamos con un excepcional documento para conocer los términos
de estos acuerdos, el pacto entre Teodomiro y Abd al-Aziz ibn Musa, pacto que
podemos hacer extensivo a las demás ciudades de Sharq al-Andalus. Con
la firma del pacto, Teodomiro, gobernador de la región de Orihuela, aceptaba
la dhimma o protección y la sumisión de los cristianos de
las siete ciudades bajo su autoridad ante Abd al-Aziz, reconociendo la soberanía
del Estado musulmán y comprometiéndose a pagar un impuesto. a cambio,
él y sus compañeros serán mantenidos en sus cargos y privilegios,
sus iglesias no serán quemadas y se respetará su religión. De
hecho, el acuerdo significó el mantenimiento de las estructuras visigodas,
incluida la sede episcopal, al menos hasta finales del siglo VIII, momento en
que tiene lugar la destrucción de Valencia a manos del emir omeya Abd al-Rahman
I, en el año 778, después de la revuelta pro-abbasí de al-Saqlabi. Asociada
a este episodio estaría la última fase de la necrópolis de
la sede episcopal, formada por tumbas individuales en fosa que utilizan como cubierta
fragmentos de mobiliario litúrgico -como el cancel que se exhibe en el
interior del monumento funerario-, algunos de ellos quemados, que evidencian una
destrucción de elementos cúlticos. Hay que suponer que a partir
de estos sucesos las estructuras eclesiásticas quedaron desmanteladas.
Algunos autores, aunque sin ningún tipo de apoyo documental, especulan
con la posibilidad de una continuidad del culto cristiano en el santuario de la
Roqueta, extramuros de la ciudad. Precisamente será en este momento cuando
comienza el ciclo del traslado de reliquias de San Vicente. A
partir del siglo IX se produce una progresiva islamización que va a suponer
una aceleración del cambio cultural y religioso. Así, perdido el
carácter cúltico, la capilla visigoda sufre varias remodelaciones
en época islámica. En el siglo IX-X la cabecera de la iglesia se
rompe, instalándose en la parte externa un horno de calefacción
para la instalación de un hamman o baños que se adaptan a
la estructura del inmueble preexistente, configurando una planta del todo inusual
para este tipo de edificios. En este momento se individualiza el edificio de la
catedral visigoda, configurándose el límite este de la actual plaza
d ela Almonia. El acceso al hamman se efectuaba por una puerta practicada
al este del brazo norte de la antigua capilla cruciforme, cuyo crucero se convirtió
en la sala tibia, donde llegaba el calor a través de dos grandes toberas
practicadas en el tabique que la separaba de la sala caliente, situada en la cabecera.
La sala fría y el vestibulo, separadas también por sendos tabiques,
se situaban en los pies de la antigua capilla. El inmueble pasa
a formar parte de las construcciones de prestigio del área palatina del
alcázar musulmán, localizado en esta zona. Estos
baños dejan de utilizarse a finales del siglo X, momento en que la ciudad
ya debía de contar con baños de nueva planta. En este mismo siglo
se asiste a otra gran reforma del edificio, inutilizándose el horno a la
vez que se construye una escalera en la nave central, de acceso a una estancia
superior. El final de esta dase -siglo XI- viene marcado por
un incendio alq ue sucede un largo período de amortización del edificio.
En sus alrededores, a partir de época taifa, se construyen una serie de
viviendas que en algunos casos se adosan al exterior del edificio cruciforme y
al gran edificio absidial. Estas viviendas son arrasadas a finales del siglo XI.
Este hecho, junto con la presencia en la zona de enterramientos puntuales quizá
pueda relacionarse con el episodio de la conquista momentánea de la ciudad
por el Cid. Cuando las tropas del rey Jaime I entraron en la
ciudad en 1238, lo único visible del monumento funerario visigodo era el
ala norte, que todavía mantenía en pie su cubierta; el resto se
había ido desmoronando con el paso del tiempo. Sin embargo, no se había
perdido la asociación del lugar a la figura del mártir y en el Llibre
del Repartiment, cuando se habla de la plaza de la Llenya se mencionan
unes cases de Sant Vicent. Probablemente era lo único que quedaba
en pie del conjunto catedralicio visigodo en donde había estado enterrado
el santo. [...] |
Catálogo de piezas
expuestas. Materiales islámicos Josefa Pascual Pacheco. S.I.A.M.
Ayuntamiento de Valencia El edificio visigodo de la Cárcel de San
Vicente permaneció en pie en época islámica, pero transformado
en unos baños que, probablemente, formaran parte del núcleo palatino
califal. Colmatando parte de este edificio se ha hallado un extenso lote
de materiales que incluye piezas cerámicas, monedas, vidrios, mateales
y otros objetos suntuarios, todo lo cual debía componer un ajuar de carácter
áulico, parte del cual se exhibe actualmente en la cripta arqueológica. Dentro
del conjunto destacan dos piezas metálicas de vajilla,
realizadas en bronce. La primera corresponde a una redoma o aguamanil con
repie plano hueco, cuerpo piriforme y cuello en gollete facetado; su boca es trilobulada,
formando un incipiente pico vertedor, y tiene un asa dorsal que arranca del borde,
llegando a mitad del cuerpo. Por lo que hace a la decoración el repie presenta
una banda con palmetas entrelazadas, mientras que en el cuerpo destacan dos medallones
con un roleo en el centro, enmarcados por dos líneas verticales de cordón
y palmetas; por encima de éstos se desarrolla una banda pseudoepigráfica,
seguida por un cordón y una faja con motivos vegetales en el arranque del
cuello. | | Los paralelos más
directos de esta pieza los encontramos en una jarra conservada en el Museo Arqueológico
Nacional y en otra que forma parte de la Colección David d Copenhague,
si bien ambos ejemplares presentan un pitorro tubular rematado con una cabeza
de animal que no tiene nuestra redoma. Para estas piezas se ha apuntado una cronología
de los siglos X-XI, anuque sin base arqueológica que la sustente. Aquí
reside el ejemplar hallado en la Cárcel de San Vicente, ya que procede
de un contexto bien definido, fechado entre la segunda mitad del siglo X y la
primera década del XI. Las tres piezas presentan una forma muy semejante
y unos elementos decorativos casi idénticos, si bien en el ejemplar valenciano
se advierte una labor menos minuciosa, en particular en los medallones y en la
ausencia de pitorro. Cabe pensar, en consecuencia, que son producto de un mismo
taller, probablemente andalusí, a juzgar por la singularidad de los rasgos
estilísticos. La segunda pieza expuesta es una pequeña jarrita
trípode, en este caso con base plana, sobrellevada merced a tres pequeñas
patitas soldadas a ella. Es de perfil bajo con cuerpo abombado, sin cuello y con
una amplia boca exvasada, de la que arranca un asa dorsal sinuosa que conserva
el engarce de una tapadera desaparecida; en su parte frontal presenta un pitorro
tubular que arranca a la altura de la panza. No tiene decoración y se aprecia
una reparación parcial en el cuerpo realizada con el mismo metal. | |
Dentro del lote cerámico
destaca en primer lugar un conjunto de ataifores decorados en verde y manganeso
con diversos motivos, que van desde los epigráficos, como Baraka
(Bendición) o al-Mulk (el Imperio), o pseudoepigráficos,
a aquellos otros de carácter geométrico, con trenzas o cordones,
representaciones simbólicas de la eternidad, pasando por otros más
sencillos, basados en simples trazos en verde sobre fondo blanco. Decorado con
esta misma técnica merece destacar un pequeño tintero con motivos
geométricos. Diversos
ataifores en verde y manganeso. Archivo S.I.A.M. Según
algunos autores, la combinación del verde sobre el blanco del fondo de
las piezas responde a un programa alegórico difundido desde la corte calidal
cordobesa, en el que se asocian intendionadamente la representación del
Profeta (verde) y de la dinastía omeya (blanco). Entre
las piezas vidriadas cabe destacar también
una pequeña redoma de cuerpo abombado y cuello cilíndrico estrecho,
con vedrío melado y decorada con trazos en manganeso, así como una
botella de cuerpo achatado y borde abocinado plano, vidriada igualmente en un
tono melado verdoso. Estos pequeños objetos debieron servir para contener
perfumes o ungüentos, en cuya producción alcanzó reconocida
fama Al-Andalus. En este sentido cabe hacer mención del
hallazgo excepcional de un alambique con su matraz y condensador,
ambos realizados en cerámica vidriada verde. La parte inferior o matraz
es un recipiente con forma oblonga, de perfiles curvos, y rematado con un encaje
para acoplar el condensador. Éste tiene forma abovedada para facilitar
la licuación de los vapores y un canal interior que recogería el
líquido destilado y lo conduciría hasta una espita lateral en forma
de tubo, desde donde se traspasaría a otro recipiente. Se conoce un ejemplar
de similares características procedente de Córdoba y depositado
en el Museo Arqueológico Nacional, que se encuadraría cronológicamente
entre los siglos IX y X.
Botella vidriada en color verde |
Jarro con pico vertedor trilobulado |
Matraz y condensador de alambique |
Junto a estas piezas apareció tambiñen un
copioso conjunto de cerámicas no vidriadas, tanto de cocina como de mesa.
Entre las primeras cabe destacar numerosas ollas de cuerpo globular y cuello acanalado,
así como cazuelas de forma ovalada, con base plana y paredes rectas inclinadas
al exterior, con dos pequeños mamelones a modo de asas. Entre
las piezas de vajilla existeuna gran diversidad de jarritas y jarritos de diferente
tamaño. Dentro de las primeras cabe distinguir varias formas. Está
presente el tipo de base plana, cuerpo globular y cuello largo cilíndrico,
con dos asas desarrolladas que arrancan desde la mitad del mismo y llegan hasta
la mitad de la panza. Junto a ésta, aparecieron otras jarritas de dimensiones
más reducidas, con base plana, cuerpo poco desarrollado y cuello recto
ancho y prominente, con dos pequeñas asas para su sujeción. Los
jarritos tienen un perfil muy parecido a los anteriores, pero con una sola asa.
Es de destacar una forma de jarro o aguamanil con base plana, cuerpo globular,
cuello ancho cilíndrico y un característico pico vertedor tubular
trilobulado. Todas estas piezas presentan pastas y superficies depuradas, de color
amarillento o rojizo, y ninguna de ellas muestra decoración. Otro
hallazgo de singular importancia aparecido en este conjunto es un huevo de avestruz
con decoración pintada, formando bandas de temática vegetal en la
que se pueden apreciar restos de círculos y palmetas. Lamentablemente su
estado de conservación es muy deficiente, por lo que resulta difícil
apreciar los detalles decorativos. El hallazgo de un dinar fechado
en el 1007-1008, así como los numerosos paralelos existentes para las cerámicas
en otros yacimientos, permite encuadrar el conjunto de materiales descritos entre
la segunda mitad del siglo X y la primera década del XI, momento en que
fueron desechados de forma brusca, amortizando la fase de los baños. Probablemente
cabría relacionar este hecho con el momento de la fitna, que desembocó
en la caída del califato de Córdoba y propició la aparición
de los primeros reinos de taifas, de uno de los cuales Valencia se convertiría
pronto en capital.
Baraka, detalle de cerámica verde y manganeso |
Cordón de la eternidad, detalle de cerámica
verde y manganeso | |