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AUTOR: Vicente Manuel Mota Alfaro, Imán del Centro Cultural Islámico de Valencia
Consejos para aprovechar el mes de Ramadán
Ésta, es una pregunta de gran trascendencia. Para dar una respuesta rápida a esta cuestión, acorde a los principios del Islam, podríamos recurrir al famoso jadiz del Profeta Mujámmad donde se nos cuenta lo siguiente:
Relató Umar que: un día estábamos sentados en compañía del mensajero de Alá y se presentó ante nosotros un hombre, con vestidos de resplandeciente blancura y cabellos intensamente negros, al que no se le veían señales de viaje, y que ninguno de vosotros conocía. Se sentó ante el Profeta y, apoyando las rodillas contra las suyas y poniendo las manos encima de sus muslos, dijo: “¡Oh Mujámmad! Háblame acerca del Islam”. El mensajero de Alá dijo:
“¡Oh Alá! Bendícenos en el mes de Raÿab y Xa´bân y haz que alcancemos Ramadán. (1).
(1)Jadiz Transmitido por `Ahmad.
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Además, las primeras generaciones de los musulmanes, siempre pedían a Alá que les hiciera llegar al mes de Ramadán y, una vez lo habían cumplido, le pedían que se lo aceptara.
Existe igualmente una plegaria del profeta Mujámmad que solía decir cuando el mes de Ramadán llegaba:
¡Alá es el más grande! ¡Alá! Tráenos Ramadán, con fe, seguridad, paz e Islam y ayúdanos a realizar aquello que amas y te complace. (2).
(2)Jadiz recopilado por at-Tirmidiy.
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Debes alabar y agradecer a Alá el haberte alargado la vida y el haber alcanzado este mes de misericordia, pues de las mayores gracias con las que el siervo puede ser dispensado, está en que Alá te ayude y te de fuerzas para que puedas adorarle y servirle. Por ello, simplemente por el hecho de alcanzar al mes de Ramadán, el musulmán debe dar gracias a Alá por haberle dado otra oportunidad para arrepentirse y corregir lo malo que haya en su vida. Así, tal y como han dicho nuestros sabios – es bueno realizar dos unidades de azalá (raka´atain) en agradecimiento por ello.
Debes sentir alegría y alborozo por la venida de un mes único en el año, donde Alá te da la oportunidad de borrar tus malas acciones y mejorar tu estado espiritual. Así lo hacía el Profeta, cuando daba las buenas nuevas a sus Compañeros diciéndoles:
“¡Ha venido el purificador, el mes bendito de Ramadán!”. ¿¡Y cómo no va a alegrarse el musulmán con la venida de un mes donde poder multiplicar sus buenas acciones y donde la misericordia de Alá se esparce por doquier!?. |
Es muy importante y útil que planifiques qué es lo que vas a hacer durante este bendito mes de Ramadán. Por desgracia, muchas veces encuentras a musulmanes – incluso muchos de ellos practicantes –, que planifican al detalle su vida mundanal, pero sin embargo, su vida ultraterrena y su relación con Alá la tienen descuidada y, ante la llegada de este mes bendito no se paran a meditar qué hacer como obras piadosas y de acercamiento a Alá. Debes comprometerte sinceramente, en aprovechar este mes y no dejar pasar horas en balde, pues Ramadán, sólo viene una vez al año y, puede, que para el próximo, ya no estés presente en este mundo.
Es también muy importante que conozcas y aprendas los preceptos y reglas de la jurisprudencia relacionados con el ayuno, pues puede que cometas alguna falta y no sepas cómo solventarla. El musulmán, debe obedecer y servir a Alá tal y cómo Él lo ha establecido, pues en ello reside parte de su complacencia.
El muslim debe comprometerse con Alá y consigo mismo, a dejar a un lado y de forma definitiva todos los malos hábitos y las malas acciones que suele realizar durante el resto del año. Por eso, como en este mes, los demonios son encadenados, el musulmán sabe cuáles son sus fallos y sus puntos débiles y, así, si tiene que echar buscar un responsable de sus malas acciones, que no eche las culpas mas que a si mismo. Ramadán, es una hoja nueva y limpia en el libro donde se registran nuestras acciones, por ello, debemos comenzar Ramadán siendo consciente que es una oportunidad de oro que no debemos dejar escapar y que debemos aprovecharla al máximo posible, para luego, no arrepentirnos cuando se nos haya ido de las manos.
El valor que encierra el mes sagrado de Ramadán es incalculable. Primero, porque es uno de los pilares en los que se sostiene el Islam de toda persona. Y, segundo, porque trae tales beneficios el realizarlo, que el musulmán siente pena cuando el mes de Ramadán le deja.
El ser humano, es una máquina perfecta. Perfecta en cuanto ha sido creada por Alá; pero imperfecta, desde la perspectiva en que Alá no le ha otorgado, de manera innata, todo aquello que necesita para realizarse como persona. Todo cuanto existe en este mundo vive y se mueve bajo un orden establecido. Un orden supremo y sublime donde todo, absolutamente todo, coexiste en armonía. Si estudias – a modo de ejemplo – cómo actúan las abejas en un panal, encontrarás como todo se rige por un orden y que, tal orden, lleva a las abejas a realizar la miel.
El ser humano al contrario, ha sido creado con la mejor de las disposiciones. Su esencia natural (fitrah), le guía a creer y a pensar, que todo cuanto le rodea no ha venido de la nada o se ha hecho por sí solo, sino que existe un poder supremo por encima de todo lo existente, quien dirige y organiza lo que presencia. Por ello, el ser humano no conseguirá realizarse como ser, sino siguiendo el camino establecido por Alá, pues es Él únicamente, quien puede enseñarle cómo actuar y trabajar para dar a cada uno de sus componentes que conforman su existencia – cuerpo y espíritu –, el derecho que cada uno de ellos merece, para que el ser humano pueda aspirar, con trabajo y esfuerzo, a realizarse
¿Virtudes del ayuno del mes de Ramadán?
Tal y como dijo el Profeta:
Quien ayune el mes de Ramadán con fe y buena intención, le serán perdonadas las faltas del año anterior (3).
(3)Transmitido por al-Bujâriy, Muslim y otros eruditos del jadiz.
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En otro jadiz dijo:
Cuando la gente entre en el Paraíso, sólo los que hayan ayunado el mes de Ramadán, serán llamados para entrar por una puerta llamada (ar-ray-yân).Y cuando todos ellos hayan entrado, se cerrará sin que nadie más entre por ella (4).
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Los tipos de ayuno
Los niveles espirituales del ser humano durante el mes de Ramadán, obedecen a la predisposición, la actitud y el aprovechamiento del tiempo del muslim en este mes. Pero los ulemas han establecido tres niveles del ayuno:
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El nivel normal. Es el ayuno donde Alá exige lo mínimo para que Éste lo acepte. Es decir, el abstenerse desde la salida del sol hasta su puesta, de comer, beber y mantener relaciones sexuales.
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El nivel medio. Es practicar el primer nivel, a la vez que de abstenerse de no realizar malas obras, no decir malas palabras, desviar la mirada a lo ilícito,… y, además, aumentar las buenas acciones en todo momento y en todo lugar. Pues tal y como dice el profeta Mujámmad; ¡Cuánto ayunante no consigue de su ayuno, más que el hambre y la sed! (5). Es decir, el Profeta de Alá nos hace mención de una forma indirecta, que el ayuno no reside únicamente en pasar hambre y sed, sino que encierra muchos otros beneficios.
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El nivel alto. En este nivel, no sólo se abstiene el musulmán tanto de comer, beber, mantener relaciones sexuales, hablar mal, realizar malas obras,… entre la salida de sol y su puesta, sino que su corazón y su espíritu, permanecen en ayuno continuo. ¿Qué significa esto? Que su corazón y su espíritu no necesitan de nada de este mundo, ni cuando ayunan ni cuando no ayunan, pues están totalmente entregados a Alá, por consecuencia, son conscientes de la presencia divina en todo momento, así, hacen el bien y se alejan del mal, ya sea de día o de noche, en público o en privado, etc.
Cuáles son los fines del ayuno
El ayuno – a diferencia de prácticas de servidumbre (´ibâdât), se caracteriza en que la esencia profunda de este acto, no la conoce ni la atisba nadie excepto Alá. Pues el ayuno, que exteriormente se limita a la abstención de ingerir cualquier alimento sólido o líquido y de no mantener relaciones sexuales, del alba hasta la puesta del sol, el trabajo y la intención interna del creyente, es diferente en base a los niveles espirituales del ayuno anteriormente citados, pues hay quien se limita únicamente a lo físico; quien intenta purificar su espíritu; y, por último, cuyo corazón está totalmente disuelto en la presencia y en el amor divino. Por ello tal y como dijo Alá en un jadiz sacro (hadîz qudsiy): Todo trabajo que realiza el ser humano es para él, excepto el ayuno, que es para mí y yo se lo recompenso como deseo. .
La vida material en la que nos vemos sumergidos, no deja espacio – en la mayoría de las ocasiones – a que nuestro espíritu se eleve y se desarrolle (gracias a Alá que nos ha obligado a realizar cinco azalás diarios, para no olvidarnos de Él). Por eso, la esencia del ayuno del mes de Ramadán, reside en que dedicamos más tiempo a nuestro espíritu y a nuestra alma para que viva y se desarrolle mejor. Entonces, cuando – como seres de carne que somos –, dejamos espacio para nuestra parte espiritual – como la otra parte de nuestra esencia humana –, comenzamos a conocerla, examinarla, estudiarla, vivirla, criticarla, educarla,… todo lo que normalmente – o en una vida de trasiegos materiales – no podríamos realizar de forma correcta.
Uno de los fines – de los tantos por los que Alá nos ha obligado a realizar el ayuno del mes de Ramadán –, es para que nos pongamos en la piel del otro, pues nada como la experiencia propia como para comprender muchas cosas que, aun viviendo junto a ellas y pasando ante nuestras narices, no llegamos a comprender. Por eso, Alá, con el ayuno, hace que nos pongamos en la piel, no sólo del hambriento, sino también del necesitado, pues aquel que pasa hambre, también es un necesitado.
Consejos para este mes de Ramadán
Lo mejor que puede hacer el musulmán en este me de Ramadán, es sentarse consigo mismo y meditar en su persona, su espíritu, su alma… y ver, si verdaderamente sigue los preceptos y la guía que Alá le ha establecido. Es muy importante, sobre todo en este mes de bendición, revisar y meditar en nuestra relación con Alá: si es buena o es mala, qué cosas deben ser mejoradas, de qué cosas tenemos que ir despojándonos, etc. Así, al acabar nuestro examen – que debe ser sincero, para que de resultado –, podremos actuar conforme a lo que Alá nos ha dictaminado y no conforme a nuestros deseos y pasiones.
Es muy bueno incrementar el número de obras piadosas, ya sean azalás, recitar el Corán (meditando en sus significados), dar limosnas, etc. pues, en este mes, la recompensa de nuestros actos se multiplican.
Hay un método citado por muchos de nuestros ulemas, que el musulmán debe conocer. Para incrementar nuestro nivel espiritual y nuestra relación con Alá, elijamos un acto piadoso que nos guste, como leer el Corán por ejemplo. Pongámonos el objetivo de leer el Corán por completo, por lo menos una vez al mes o medio Corán al mes. Intentemos con todas nuestras fuerzas, llevar este objetivo a cabo, pues este mes es el ideal para llevar a cabo proyectos e ideas. Pero lo más importante es, que cuando acabe el mes de Ramadán, no dejemos este proyecto o esta iniciativa que hayamos comenzado a acometer y la sigamos haciendo el resto del año. Pues lo valioso, es que aumentemos cada año nuestras obras piadosas con las que acercarnos a Alá por pocas que sean, pues lo importante, no es el número de obras, sino la constancia que se tiene en ellas. Nosotros mismos, somos testigos en Ramadán de como las mezquitas se llenan de gente que no has visto en un año completo. Todo esta envuelto por un ambiente particular y cautivador, a la vez que sublimemente espiritual. Lo que ocurre, es que la gente no obtiene de su ayuno, más que una buena talla tras haber perdido unos kilos a causa del hambre y la sed. Pero la relación con su Señor, que debían haber renovado y revisado, la han dejado de lado.
El mes de Ramadán, es una oportunidad única donde poder plasmar muchas cosas, pero, que si se deja pasar, los beneficios que éste encierra y comprende se desvanecerán, tal y como se desvanece el calor del fuego cuando no se hecha leña al mismo. He aquí una llama espiritual que Alá hará bajar como cada año: el mes de Ramadán. En nuestra mano está – a través de nuestro trabajo – el mantener esa llama flameante y cálida en nuestros corazones. Pero si la dejamos a los elementos de la vida sin atizar el fuego, éste desaparecerá, se disipará su calor, y, lo más importante, también su luz que alumbra nuestro camino.
AUTOR: Vicente Manuel Mota Alfaro, Imán del Centro Cultural Islámico de Valencia
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