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AUTOR: Vicente Manuel Mota Alfaro, Imán del Centro Cultural Islámico de Valencia

Desmitificación de tópicos

Por desgracia, hoy día, muchos conceptos que giran en torno al Islam o que se le achacan al mismo, están manipulados – en algunas y concretas ocasiones – de forma intencionada. Y en otras, no son más que aquellas ideas formadas en el subconsciente por quien tiene una mínima noción del Islam, noción, formada a partir de informaciones tomadas de aquí y allá y que, en la mayoría de las ocasiones, no tienen relación alguna con las verdaderas enseñanzas que proclama el Islam.

Por ello, para comprender de forma exacta qué es el Islam, no sólo tenemos que conocer el verdadero sentido de ciertos conceptos erróneos que deambulan por ende, los cuales dan al individuo de a pie una idea fosca del Islam y de su mensaje, sino que además, es preciso conocer el Islam en su conjunto y no desde una perspectiva única. Pues el Islam, no es sólo una religión – visto desde el punto de vista etimológico –, si no que es toda una filosofía de vida que enseña al ser humano a conocerse, para así, poder conocer lo que le rodea, pues no es posible pretender comprender el mundo cuando somos incapaces de comprendernos a nosotros mismos.

Diferentes corrientes dentro del Islam.

Al igual que en otras religiones o corrientes filosóficas, en el Islam encontramos diversas escuelas de interpretación.
Un dato importante a tener en cuenta – para comprender mejor nuestra actualidad –, es el conocer las diferentes corrientes reformistas que aparecieron en el Islam a finales del s. XIX y principios del XX. Es importante conocer estas corrientes, pues son los fundamentos de éstas las que han moldeado ciertos tipos de actuaciones contemporáneas dentro del mundo musulmán.

Una de ellas – que es una muy pequeña minoría dentro del Islam – es la que permite el derramamiento de sangre inocente, basándose en unas interpretaciones muy pobres – jurídicamente hablando – surgidas a partir de unos conocimientos muy pobres de los fundamentos y la metodología del derecho islámico. Dichas interpretaciones han llevado, a que ciertas personas – también ignorantes en muchos aspectos – se vean arrastradas por esta facción que promueve acciones no lícitas para los ulemas y eruditos musulmanes.

Dicho esto y siendo objetivos en nuestras deliberaciones – como espectadores de ciertos acontecimientos ocurridos en todo el mundo – no podemos englobar y encasillar ciertas actuaciones llevadas a cabo por musulmanes en diferentes partes del planeta – sean quienes sean y se encuentre donde se encuentre – y achacárselas al mensaje del Islam ni a los musulmanes en general, pues ello puede derivar, en que la masa social e ignorante respecto a los verdaderos principios del Islam, impute al mismo cosas que no son de éste.

Pero, desafortunadamente, esto es lo que ocurre y, los musulmanes, se ven abocados a defenderse de ataques y descalificaciones basadas en prejuicios y deliberaciones erróneas, pues los conceptos que tales personas tienen en mente son igualmente erróneos. Cierto que no podemos negar ciertas acciones llevadas a cabo por algunos musulmanes, pero no es de cajón hacer responsable a quien no tiene participación alguna en aquellas, ni ideológicamente ni prácticamente.

Por ello, comprender el marco social, cultural, religioso y político donde se producen tales acciones, es de radical importancia, primero, para comprender exactamente que está ocurriendo y, segundo, para conocer qué móviles dirigen dichas acciones perpetradas.

Diferenciación entre lo que el mensaje islámico predica y el marco cultural de cada país.

Entrando en otro campo de estudio, y, casi relacionado de forma directa con la antropología, no debemos pasar por alto el marco cultural de las sociedades de mayoría musulmana.
Antes de analizar cualquier acontecimiento, debemos tener en cuenta que la comunidad islámica, se extiende desde lo que hoy es Marruecos hasta Indonesia, es decir, más de medio mundo. Por ello, en muchas ocasiones, se produce tal confusión entre la identidad cultural y religiosa, que algunas de las prácticas que el creyente musulmán de a pie lleva a cabo normalmente, las tiene como propias del Islam y de sus enseñanzas, pero que paradójicamente, no son más que herencias culturales que han entrado a formar parte de la idiosincrasia religiosa de ciertos países.
Un caso conocido y patente referente a lo que estamos hablando, es el de la “amputación del clítoris”. Esta práctica no es para nada un precepto islámico como malamente se piensa, sino que es una práctica de ciertos países centroafricanos y que la realizan tanto musulmanes, cristianos o individuos de otras confesiones religiosas.

La guerra santa o “ÿihâd”.

Uno de los conceptos más extendidos entre la gente en general y que son de los que mayor estupor provocan, es el concepto de la guerra santa o “ÿihâd”.

En el Islam no existe la guerra santa. La guerra santa – como término – ha sido utilizado por intelectuales occidentales para designar ciertas acciones bélicas realizadas por musulmanes. Dentro de la jurisprudencia islámica, el término “¨ÿihâd”, designa una acción bélica. Dicha acción, es lo que en los tratados internacionales es conocido por una simple y pura guerra. La “ÿihâd” – como malamente se entiende –, no es el luchar o el combatir a los “infieles” – término igualmente erróneo, de ahí su utilización entre comillas –, o no musulmanes, simplemente por el hecho de no ser musulmanes y, por consiguiente, someterlos a la voluntad de la ley islámica “xarî´ah”. La “ÿihâd” únicamente puede ser establecida por un gobernante o jefe de estado reconocido por el pueblo que lo haya elegido, tal y como ocurre en cualquier régimen democrático.

Los motivos que puede llevar a un jefe de estado a proclamar una guerra “yihâd”, son los mismos que pueden mover a otro jefe de estado – sea o no musulmán – a declararla: por la invasión de una fuerza extranjera el territorio nacional; por defender los derechos ultrajados de otro estado; por acudir en la ayuda de otro estado – sea o no musulmán – si pide ayuda ante una invasión extranjera; etc. Lo que debe señalarse, es que debe ser siempre un motivo legal y no movido por deseos y falacias con el fin de conseguir beneficios económicos o de otra índole, tal y como ha ocurrido y ocurre hoy día en nuestro planeta.

La Legislación Islámico (xarî´ah).

Otro concepto muy mal entendido, es el de la legislación islámica o, más conocida por su término árabe: “xarî´ah”. Tal y como el mismo término indica, la “xarî´ah” o legislación islámica, no es más que el conjunto de leyes y preceptos tomados a partir de las principales fuentes del Islam: el Sagrado Corán y la zuna o tradición profética.

Normalmente, se da a entender a la persona de a pie, que los musulmanes intentan por todos los medios aplicar la “sharî´ah” y, por lo tanto, en el momento en que lo hagan, imponer a todo el mundo a que se haga musulmán e imponer las leyes que le plazcan, creando una sociedad teocrática.

Sin embargo, todo esto es falso. Cierto, que el musulmán como tal, como la propia palabra árabe indica “muslim”, es aquel que se somete a la voluntad divina, del mismo modo que lo haría un creyente judío o cristiano. Pero debemos resaltar un punto muy importante, y es que el Islam, no sólo nos enseña cuál debe ser la relación entre el individuo y su creador (religión), sino que además, le enseña y le educa – de la forma más detallada – como comportarse en los diferentes ámbitos de la vida en los que se desenvuelve el ser humano.

El Islam enseña al hombre a ser una persona con principios e ideales; a ser un buen ciudadano; a ser un buen vecino; a ser un buen padre o madre de familia; a ser un buen hijo; a ser un buen gobernante; a ser un buen político; a ser un buen trabajador; a ser, en definitiva, un ser completo y realizado, no sólo en su relación con su Señor, sino también, en su relación con el resto de los seres, incluido en ello la naturaleza y los animales.

Por ello, la legislación islámica “xarî´ah” no es una herramienta con la que unos musulmanes fanáticos y bárbaros desean someter al mundo, si no que es un conjunto de principios, ideales, enseñanzas, preceptos y reglas que comprende el mensaje del Islam, recogido todo ello en sus dos fuentes fundamentales anteriormente citadas: el Sagrado Corán y la zuna o tradición profética.

Mahometanos, islamistas e infieles.

Son muchos los términos dentro del “rico” glosario sobre terminología islámica – que ciertos medios de comunicación, intelectuales y profesionales semejantes, suelen utilizar e inventar – faltos a la verdad, usados fuera de su contexto y totalmente denigrantes – en contados momentos – para el propio din del Islam.

Uno de ellos es el término: mahometano. Este término, que en muchas ocasiones suele utilizarse para denominar a aquellos que siguen o practican el Islam, es erróneo en su planteamiento. Ello es debido, a que a los musulmanes – cuyo significado etimológico es: personas que se someten a la voluntad divina – no se les puede denominar como mahometanos, pues, aunque sigan y obedezcan la palabra de éste, recogida y concretada en la zuna o tradición profética, lo hacen por orden divina y no por libre albedrío. Por otro lado, el Islam enseña que todo aquel que se somete a la voluntad divina revelada en el Sagrado Corán y en la tradición profética, es un musulmán, muslim o múslime(1). Y, porque además, para el musulmán, todos los profetas y enviados elegidos por Dios para transmitir su mensaje – entre ellos Moisés, Abrahán, Jesús, etc. – eran musulmanes en el plano estrictamente lingüístico e ideológico, pues todos ellos se sometieron a la voluntad divina.

Otro concepto erróneo que se utiliza para designar al musulmán, es el de islamista. Este término, se originó en Occidente para hacer referencia a musulmanes que actuaban en un ámbito político o, cuya ideología política, estaba basada en corrientes o ideales basados en el Islam y ciertos movimientos reformistas concretos.

Otro término que suele utilizarse u oírse, es el de “el infiel”. Esta palabra – que en sí misma, es una muy mala traducción o interpretación de la palabra árabe “kâfir”(2) –, suele ponerse en boca de los musulmanes cuando éstos hacen referencia a los no musulmanes. Sin embargo, no es correcto – tanto para el musulmán como para el no musulmán – el utilizar esta palabra. Primero, porque un “kâfir” no es un infiel por varios motivos:

    1. La traducción más correcta de la palabra “kâfir”, es “el que niega el mensaje del Islam”, pues para que una persona sea infiel, debe haber sido fiel o haber prometido fidelidad a algo y, más tarde, haberla negado.

    2. No se puede denominar así, a quien ni siquiera ha oído ni tiene conocimiento alguno del Islam, aunque no sea musulmán.

Por lo tanto, para los musulmanes no existen “infieles”. Además, bajo los principios del Islam, no es ético insultar, menospreciar o tratar a alguna persona en términos peyorativos, sea cual sea su raza, su cultura, su ideología, etc. pues todos son seres humanos, siervos de Alá. 

          (1)Estos tres términos están recogidos en el diccionario de la real academia de la lengua española, y son todos ellos sinónimos para denominar y hablar del musulmán.

          (2)El legado árabe en la lengua castellana de este término, es el de “cafre” (kâfir).

AUTOR: Vicente Manuel Mota Alfaro, Imán del Centro Cultural Islámico de Valencia

 
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