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directamente preceptos y leyes del Sagrado Corán
LA ILICITUD DE EXTRAER DIRECTAMENTE PRECEPTOS Y
LEYES DEL SAGRADO CORÁN
Por Vicente Mansur Mota Alfaro
Quisiera tratar un tema escabroso y que debe
ser tratado con algodones siempre que se toca. Este tema en cuestión
es el relacionado con la interpretación
de los textos canónicos del Islam.
Por desgracia, este es un asunto al que se le debe otorgar un trato
especial, ya que mucho de lo que ocurre en torno al mundo islámico
- por no decir todo -, tiene relación directa o indirecta
con este sujeto. Por eso, es esencial el comprender las diferentes
metodologías de las diversas corrientes que existen hoy día
en el mundo islámico, para entender las interpretaciones
que hacen algunos "personajes", de las fuentes de la legislación
islámica y, sus actos derivados de dichos "estudios",
ya que si ello no se hace, el ciudadano de a pie, no se forja en
su mente mas que una imagen difusa y no veraz del mensaje del Islam,
ya que como se dice, por sus frutos los conoceréis.
Este entre otros, es uno de los problemas ante los que nos encontramos
hoy día los musulmanes - y quizás sea de los más
importantes. Este problema nos afecta tanto a musulmanes de a pie
como a responsables religiosos, ya que la mala interpretación
de los textos canónicos del Islam - ya sea hecha por musulmanes
o no musulmanes - nos puede acarrear y, nos acarrea en muchas ocasiones,
problemas de distinta índole.
El musulmán como tal, está obligado
a seguir aquello que Alá le ha dictaminado en su revelación,
ya sea ésta el Sagrado Corán o la tradición
profética (sunnah) y, como tal, también deber hacer
caso de sus eruditos, pues son ellos quienes le dan a conocer -
tras sus estudios - aquello que debe cumplir y aplicar.
En el Islam no existe una institución religiosa
como existe en el Catolicismo, como el Vaticano, por ejemplo. Igualmente,
no existe una jerarquía clerical, sino lo que hay es un conjunto
de eruditos licenciados con distintos niveles de conocimiento o
rangos, los cuales obtienen una titulación según los
estudios que hayan realizado. Dichas titulaciones, van regidas hoy
día, por las distintas universidades islámicas. Pero
aún así, no hay ningún poder en la comunidad
islámica, que pueda denunciar o castigar jurídicamente,
lo que un imán pueda decir, si dicho imán no ha realizado
sus estudios en una de las citadas universidades. Lo único
que puede darse, es que otros imanes o alfaquíes refuten
opiniones - desacertadas en su opinión -, de algún
otro imán en concreto, que haya emitido una fetua o dictamen
religioso.
El verdadero problema surge,
cuando alguien no capacitado, decide interpretar los textos canónicos
sin tener en cuenta una serie de requisitos imprescindibles y fundamentales,
a la hora de realizar dicha tarea y, al mismo tiempo, pretende ser
guía de la masa musulmana. Y el musulmán de a pie,
en muchas ocasiones, resulta engañado, en creer que ciertos
personajes famosos que circulan por el mundo islámico, son
unos alfaquíes o eruditos del Islam.
Antes de que surgieran los últimos movimientos
reformistas en la comunidad islámica - siglos diecinueve
y veinte de nuestra era - normalmente el musulmán de a pie,
solía dirigirse a un alfaquí o erudito ante cualquier
duda o cuestión que se le planteaba en lo referente a temas
relacionados con su religión o en su vida en general. Dichos
alfaquíes o cadíes, eran nombrados por el poder judicial
de cada país, aunque siempre hubiera sabios y eruditos diseminados
por todo el territorio musulmán, que trabajaran en su cuenta
sin estar bajo mando de ninguna institución.
El respeto - a veces en exceso -, que la gente tenía
por los sabios y por todo aquello relacionado a los textos canónicos
era ejemplar: a ninguna persona vulgar se le ocurriría el
intentar extraer alguna conclusión jurídica directamente
de las fuentes del Islam, es decir, del Sagrado Corán o de
la tradición profética. De ahí, que no hubiera
nadie no capacitado, que intentara por si mismo el interpretar o
dar algún veredicto o dar su opinión personal sobre
algún tema relacionado con el derecho islámico. Es
más, el peso que llegaron a ejercer las diferentes escuelas
jurídicas y sus distintos alfaquíes en su rigor para
no aceptar cualquier fetua o trabajo intelectual, fue tan grande,
que los requisitos y condiciones exigidos a una persona para que
esta pudiera realizar algún tipo de renovación jurídica,
se hicieron tan rígidos, que llevó a un estancamiento
intelectual del cual, hoy día, - aunque en mucha menor medida
-, seguimos sufriendo sus consecuencias.
Tras los movimientos reformistas que se dieron en
los distintos países islámicos, surgieron distintos
tipos de corrientes, basadas en una regreso intelectual profundo
a las fuentes originales de la legislación islámica:
el Sagrado Corán y la tradición profética.
Este llamamiento a citado regreso, se originó, tras el estudio
socio - religioso de los distintos reformistas. Dichos reformistas
se dieron cuenta que, por diversos motivos, la comunidad musulmana
en su conjunto, había perdido el contacto directo con los
textos canónicos y, mucho de lo que creía, conocía
y practicaba, aunque tuviera sus orígenes en las mismas fuentes
del Islam, en la mayoría de las ocasiones aquel conjunto
de enseñanzas en general, no tenían ninguna base "legal".
Es más, en muchas ocasiones, la religión del Islam
o (din) se reducía a mitos y creencias, a veces, en contra
mismo de las propias enseñanzas del Islam. De entre aquellas
cosas - que hoy día siguen por desgracia vivas -, encontramos
la obediencia ciega al jefe espiritual de alguna cofradía
(Tariikah); el pensar que algunos santos tienen poderes especiales
para cambiar el destino - aun estando muertos -; la defensa a ultranza
de las opiniones de alfaquíes de algunas escuelas jurídicas
aun estando estas equivocadas; etc.
Lo que nos importa mencionar aquí, es que,
sin ningún tipo de dudas, todos los reformistas de este siglo
pasado y del anterior, llegaron a la conclusión de que, para
que los musulmanes volvieran a tener el prestigio que tuvieron en
el pasado y que les llevó a originar una de las más
importantes civilizaciones de la historia de la humanidad, deberían
realizar un regreso intelectual y espiritual, para recoger las enseñanzas
de las mismas fuentes de la legislación islámica,
dejando a parte mucho de aquello que habían aprendido.
El fin en sí, era correcto. Lo único
que ocurrió, es que, aquello que era una máxima delimitada
por un tiempo determinado y que no debía cogerse al pie de
la letra, - es decir, el tomar las enseñanzas del Sagrado
Corán y de la tradición profética -, fue tomada
como una regla fundamental y, llegó a convertirse con el
paso del tiempo, en un dogma más de la creencia islámica.
Esta máxima de que lo verdadero o la esencia del Islam se
encuentran en el Sagrado Corán y la tradición profética,
no tiene nada de falso. Podemos citar textos canónicos que
así lo demuestran. De entre ellos, encontramos en el Sagrado
Corán: "Quien obedece al Enviado, obedece a Alá";
y también: "Di (¡oh profeta!): obedeced Alá
y al Enviado. Si vuelven la espalda,
Alá no ama a los
infieles" ; y en otra aleya: "¡Obedeced a Alá
y a su Enviado, si sois creyentes!", es decir, seguid y aplicad
el Corán y la tradición profética.
El problema surgió, cuando esta máxima
fue tomada rigurosamente por todo musulmán de a pie. Esto
con el paso del tiempo, llevo a algo grave, y fue, que los polos
de la mentalidad del musulmán de a pie se extrapolaron. Y,
éste, en vez de acudir a un alfaquí o a una persona
docta en los temas religiosos, muchos de los seguidores de algunas
corrientes reformistas, empezaron a interpretar y a sacar prescripciones
legislativas por sí mismos, directamente del Sagrado Corán
y de la tradición profética. Tal conducta, - inaudita
hasta entonces en el mundo islámico, excepto en algunos casos
concretos y raros -, condujo, a que en las concepciones de los musulmanes
se formara la idea, de que todo aquello que no tenía una
relación directa con las fuentes del Islam, debía
ser rehusado y rechazado. Por eso, no es de extrañar, que
cuando un musulmán mismo, intenta entablar conversación
con una de estas personas literalistas e integristas, - ignorantes
de toda metodología jurídica -, sobre algún
tema en concreto del dogma o del derecho musulmán, en seguida
te pide que aquello que le estás argumentando, vaya sostenido
por una aleya del Corán o un relato profético. (Cosa
que por otro lado es imposible). Esto causa, que todo tipo de intento
de entablar un diálogo intelectual con las gentes que realizan
este tipo de "trabajos", se vea derogado, si no va acompañado
con algún tipo de argumento "literal" e inequívoco.
Es más, el mismo conversar, se hace a veces imposible, porque
aquello que se discute no tiene referencia alguna en las fuentes
canónicas.
Este rechazo, no se limitó solamente a aquello
que no tenía relación alguna con el Islam, - como
todas las leyes de origen occidental, implantadas en los países
de cultura islámica -, sino también, - de forma indirecta
-, a una metodología jurídica, utilizada durante épocas
por las escuelas de derecho islámico, extraída de
los estudios de los textos canónicos y que fue desarrollada
y perfeccionada a lo largo de los siglos por dichas escuelas con
sus respectivos alfaquíes y doctores. Dicha metodología,
debía y debe ser conocida, dominada y aplicada, por todo
aquel alfaquí o erudito que debiera realizar una fetua o
estudio religioso. Esto llevó, a que
grupos ignorantes en lo referente a las fuentes de la legislación
islámica y de su metodología legislativa, movidos
por distintos motivos sociales y políticos, emitieran teorías
o fetuas directamente de interpretaciones coránicas o de
relatos proféticos, - operación que por otro lado
es ilícita, jurídicamente hablando -, totalmente incoherentes
con una realidad espacio - temporal, en la que dichos "personajes"
desean aplicar la palabra y el mensaje de Alá.
Hemos citado, que las bases o las fuentes del derecho
y de la legislación islámica son el Sagrado Corán
y la tradición profética. Ello no significa que alguien
que desee la respuesta a alguna pregunta en concreto, encuentre
dicha respuesta en los mismos textos. Primero porque los textos
son limitados y no dan abasto para dar respuestas a todo lo que
le puede acontecer al conjunto de la humanidad, desde el momento
de la revelación hasta el final de los tiempos. Y segundo,
que muchas aleyas, no tienen más validez jurídica
que la de su contexto histórico y, sacarlas de ahí,
constituye realizar un crimen contra los textos canónicos
y su mensaje.
El trabajo de los alfaquíes - y de los metodologiotas
más especialmente -, es el comprender exactamente cuales
son las finalidades y objetivos que la legislación islámica
busca a través de la aplicación de sus principios
y dictámenes. Para ello, dichos metodologiotas, han estudiado
a fondo todos los textos canónicos y, dicho estudio, les
ha llevado a entender, que la técnica que se debe llevar
a cabo para extraer las leyes, no es limitarse a abrir el Corán
o una colección de relatos proféticos y decir: Alá
dice esto, pues así hay que aplicarlo, sino que dicho estudio
nos revela, que las mismas fuentes canónicas ordenan el seguir
y emplear una metodología muy amplia y complicada, que es
la que se debe aplicar a la hora de realizar cualquier trabajo intelectual.
Resumiendo. El análisis de los textos canónicos
nos muestra, que el interpretar los textos tal cual, sin seguir
una metodología reglada, detallada y sacada tras un análisis
concienzudo de los mismas fuentes, es algo ilícito y que
va en contra mismo de lo que los textos nos enseñan en su
conjunto tras haberlos examinado meticulosamente.
Si citada metodología no es conocida y está
ausente de la mente del lector, - sea éste, musulmán
o no musulmán -, sobre todo si no tiene ninguna base sobre
lo que es el Islam y sus enseñanzas, no es de extrañar
que cuando abra el Sagrado Corán y lo lea, se encuentre con
un número de aleyas que, a simple vista, puedan dar a entender
al lector que el Islam revindica una agresividad o utiliza una violencia
desmedida hacia cualquier oposición que se oponga a su mensaje
o hace apología de un fanatismo religioso.
De entre estas aleyas, que por desgracia en muchas
ocasiones, se sacan de su contexto y se malinterpretan, encontramos
las siguientes. "Matadles donde deis con ellos y expulsadles
de donde os hayan expulsado"; "Combatid contra ellos hasta
que dejen de induciros a apostatar y se rinda culto a Alá".
Para dar una mínima idea a una persona no docta
en temas islámicos, primero, debe saber, que mucho de lo
que el lector puede encontrar en el Sagrado Corán, no es
más que una respuesta dada por Alá a los creyentes,
para utilizar la fuerza en determinados momentos, para defender
sus bienes y sus vidas. Dijo Alá en el Sagrado Corán:
"Combatid por la causa de Alá contra quienes combaten
contra vosotros, pero no os excedáis. Alá no ama a
los que se exceden". En este tema en concreto, hay que tener
muy en cuenta el marco histórico en el que surgió
el Islam. Sin un estudio profundo de la historia de los comienzos
del Islam, sobre todo, durante la época de la revelación
la cual duró veintitrés años, no podremos comprender
nunca, el verdadero fin de aquello que encontramos en el Sagrado
Corán.
Por otro lado, no se puede pasar por alto los diferentes
requisitos que han dictaminado los eruditos para todo aquel que
desee realizar un análisis o estudio de los cánones
de las fuentes del Islam, ya que sin dichos requisitos, toda interpretación
o estudio científico de los textos canónicos, no es
para nada válida ni aceptada.
Quisiera, dar unos ejemplos para demostrar, que aquello
que expongo no es simple retórica y buenas palabras, sino
que es el verdadero camino que todo musulmán debe seguir
y acatar, en lo que a prescripciones religiosas le atañe.
En lo referente a interpretaciones literales, primero
hay que decir que el Sagrado Corán, dado su gran nivel literario
con el cual Alá retó a los árabes preislámicos
- y sigue retando a la humanidad -, utiliza una simbología
literaria propia, incluso a la hora de dictar ciertas leyes jurídicas.
Una interpretación literal de los textos canónicos,
no es correcta, es mas, para muchos sabios, dicha interpretación
es una innovación introducida en el Islam en el siglo segundo
de la era musulmana . Aun así, les daré un ejemplo
en vida misma del mensajero del Islam, donde él mismo, criticó
a uno de sus compañeros por hacer una interpretación
literal de una aleya coránica. La aleya en cuestión,
habla sobre las horas en las que se puede tomar alimento en el mes
sagrado de Ramadán, y dicha aleya reza lo siguiente: "Comed
y bebed hasta que, a la alborada, se distinga el hilo blanco del
hilo negro. Luego, observad el ayuno hasta la caída de la
noche". Uno de los compañeros del profeta Mujámmad
, al llegarle este aleya, cogió dos hilos: uno blanco y otro
negro y, espero toda la noche hasta el amanecer. Cuando empezó
a clarear, el primer hilo que se distinguía era el blanco.
Entonces, el compañero del Profeta pensó, que tal
como decía la aleya, ese era el método que había
que seguir para saber el momento exacto en el que no se debía
ingerir ningún alimento. Tras ello, fue al Profeta y le contó
lo que había hecho. Y el Profeta, al escucharlo, le dijo:
"Me parece que eres un poco corto de mente" . Y, seguidamente,
le explicó que el significado de la aleya no es lo que este
compañero comprendió de la misma, sino, que debía
dejar de ingerir alimento, cuando la luz del alba comenzara a deslumbrar,
y se viera en el horizonte, aquel "hilo blanco" que se
crea cuando el sol comienza a iluminar el cielo.
Otro ejemplo que tiene relación con la aplicación
o interpretación de una aleya fuera de su contexto histórico,
lo encontramos en la historia siguiente. Durante una batalla entre
los musulmanes y los bizantinos cerca de Constantinopla, uno de
los guerreros musulmanes, antes de esperar las órdenes del
comandante de tropas, se lanzó solo al ejército enemigo.
Entonces, gente de entre los musulmanes lanzó gritos citando
una aleya coránica, la cual apunta lo siguiente: "¡Se
ha entregado a la perdición!" . Al decir esto, Abu Ayub
Al-Ansari, - uno de los compañeros del Profeta -, les respondió
recriminándoles y les dijo: "¡Eh, vosotros! No
interpretéis esta aleya como queráis. Esta aleya fue
revelada a los Auxiliadores del Profeta (Ansaar) . Cuando Alá
fortaleció a los musulmanes y a su religión, los auxiliadores
del Islam aumentaron en número, así que, los que ayudamos
al Profeta, pensamos en como invertir nuestras fuerzas para recuperar
el dinero perdido en ayudar al Profeta cuando éste necesitaba
todos los medios para transmitir su mensaje. Así, que mientras
pensábamos en aquello, Alá reveló: "Gastad
por la causa de Alá y no os entreguéis a la perdición".
Es decir, la perdición en esta aleya, hace referencia a aquello
que querían hacer los auxiliadores del Profeta y no aquello
que interpretaron estos guerreros.
Por otro lado, - como he citado previamente -, el problema lo encontramos
igualmente, cuando estudiosos del mundo arabo - islámico,
interesados en encontrar alguna respuesta a tales movimientos o
corrientes integristas, o también - por desgracia -, movidos
por el ansia de encontrar cualquier argumento con el que desbaratar
el mensaje pacífico del Islam y su mensaje universal para
toda la humanidad, llevan a cabo un número de obras con un
objetivo claro: dar a la opinión pública una imagen
negra de esta religión. De tales estudios, podemos encontrar
afirmaciones o conclusiones como: la violencia intrínseca
del Islam; el retorno a las tinieblas del medievo; una religión
fuera de contexto; etc.
Por desgracia, todos estos "estudiosos",
han realizado la misma metodología que hace un integrista
musulmán. Por eso, en mi opinión, - como investigador
de las ciencias islámicas y conocedor de cómo actúan
ciertas corrientes a la hora de extraer una fetua o argumento jurídico
-, no veo la diferencia en muchas ocasiones, entre un estudio hecho
por un islamólogo y una fetua hecha por un integrista musulmán.
Esto es debido, a que ninguno de ambos conoce aquella metodología
citada con anterioridad y, que es un requisito fundamental para
poder realizar cualquier tipo de interpretación jurídica
válida. Por eso, dichas "investigaciones" de las
que muchas veces dudo de su intención científica y,
por otro lado, las "interpretaciones" totalmente vacías
de argumentación hechas por los citados integristas ignorantes,
no son para nada ni para nadie, alguna referencia sobre la que poder
apoyarse.
Por eso, no quisiera acabar, sin mencionar un cierto
número de estos requisitos y condiciones que los eruditos
del Islam han determinado, para todo aquel que desee interpretar
o explicar los textos fuente de la legislación islámica.
De entre ellos podemos mencionar los siguientes y más importantes:
- Dominio de la lengua árabe y conocimiento
de todo lo relacionado con la misma, como elocuencia, poesía,
retórica, gramática, etc. Ya que la lengua árabe
es tan rica en matices y significados, que a veces las divergencias
que a veces podemos encontrar entre algunas escuelas jurídicas,
es debido a la polisemia de una preposición y de su posición
dentro de la construcción de una aleya.
- Tener el conocimiento de todas las aleyas que tienen
relación explícita con la misma ley islámica
(Ayaat al-ahkaam). Como también es necesario, el conocimiento
de todos los relatos proféticos referentes al mismo tema
que se quiera estudiar y analizar (Ahaadiiz al-ahkaam). Como también,
tener en cuenta, los distintos estudios realizados por los eruditos
anteriormente a dichas aleyas o relatos proféticos.
- Que el dogma de quien realizar dicha tarea, esté
de acuerdo con los principios del Islam y, que dicho dogma, no
se vea empañado por heterodoxias o innovaciones religiosas
que vayan en contra con las doctrinas del Islam y con sus enseñanzas.
De ahí, que no sea admitida las interpretaciones hechas
por musulmanes cuyos hechos o modales diverjan con los principios
mismos del Islam.
- Haber hecho una lectura exhaustiva de todos los
textos canónicos, para que no se le pueda escapar ningún
argumento que, en un momento dado, puede dar al traste con todo
el estudio llevado a cabo.
- Conocimiento de las narraciones hechas por los compañeros
del profeta Mujámmad, llamadas: "circunstancias de
la revelación" (Asbaab An-nusuul), ya que el estudio
y análisis de dichos relatos, nos dan una imagen clara
de cuales fueron los fines de cada una de las aleyas reveladas
y, dichos relatos, nos revelan ese contexto histórico,
cuyo estudio es verdaderamente esencial para comprender los objetivos
de cada aleya revelada y, de las que nos han llegado noticias
sobre su contexto en el que fueron anunciadas. Por ello, todo
intento de aplicar una o varias aleyas referentes a un tema en
concreto, sin tener en cuenta el marco espacio - temporal de las
aleyas reveladas, es un suicido y un crimen intelectual que va
en contra mismo de los fundamentos de la legislación islámica.
- Tener pleno conocimiento y dominio de los fines
y los objetivos generales de la legislación islámica
(Makaasid Ax-Xarii´ah). Ello, ayudará al que intenta
realizar una exégesis de los textos canónicos, a
comprender el fondo y el espíritu de cada dictamen divino,
para así, no aplicar la aleya misma, sino el fin de ella.
Y por otro lado, sin ignorar, el enlace conector de dicha aleya
con todos los principios y fundamentos del Islam.
Quisiera también, mostrar algunos textos canónicos,
a la vez que los analizo, para que se comprenda de una forma sencilla,
todo lo que he expuesto con anterioridad y, que prueban, el mensaje
pacífico y universal del Islam.
Dice Alá en el Sagrado Corán:
"Matadles donde deis con ellos y expulsadles de donde os hayan
expulsado. Tentar es más grave que matar. No combatáis
contra ellos junto a la Mezquita Sagrada, a no ser que os ataquen
allí. Así que, si combaten contra vosotros, matadles;
ésa es la retribución de los que niegan la Verdad".
Si analizamos esta aleya, - tal y como lo hace un alfaquí
-, primero hemos de preguntarnos a quién va dirigido este
verbo imperativo "matad": ¿a todo musulmán?,
¿a los Compañeros del Profeta?,... Y luego, debemos
preguntarnos, a quien hace referencia "les": ¿Son
los infieles?, ¿Y si son, son infieles de la época
del Profeta, o son todos los infieles de todas las épocas?,
Si hiciéramos estas preguntas a una de las personas que se
creen alfaquíes y que dictan fetuas a partir de sus pésimos
análisis de los textos canónicos, no tendrían
ninguna respuesta con las que rebatirnos.
"Pero, si cesan, Alá es Indulgente, Misericordioso"
.
Es decir, "Si cesan", cesad vosotros también.
"Combatid contra ellos hasta que dejen de induciros
a apostatar y se rinda culto a Alá. Si cesan, que no haya
más hostilidades más que contra los impíos".
Aquí, además de hacernos las mismas preguntas
anteriores, debemos analizar el verbo "combatid". Este
verbo en árabe es "Kaatiluu". Este verbo en su
forma árabe, es un verbo recíproco y, como tal, hay
que tener en cuenta su significado y su estructura, ya que el mismo
verbo, puede ser un argumento contundente para dictar una ley. Es
decir, si no os atacan para induciros a apostatar, no les ataquéis.
"Si alguien os agrediera, agredidle en la medida
que os agredió. Guardaos de Alá y sabed que Él
está con los que Le temen".
Cuando Alá dice: "Guardaos de Alá",
nos quiere dar a entender, que si alguien os agrede, no os excedáis
movidos por el ánimo de venganza y sed justos a la hora de
tomar cuentas de alguien.
"Les ha sido permitido combatir a quienes han
sido atacados, porque han sido tratados injustamente".
Esta aleya, fue la primera que en la que se le permitió
a los musulmanes el combatir. Hasta entonces, no hubo por parte
de Alá ninguna referencia a la lucha armada. Esta aleya fue
revelada, en Medina, es decir, por lo menos, diez años después
del comienzo de la revelación y tras haber sufrido los musulmanes
mil y una penurias por parte de los dirigentes de la Meca: asesinatos,
perseguimientos, torturas, boicots económicos, etc. La aleya
fue revelada, cuando los jefes Qurachitas de la Meca, decidieron
tomar por la fuerza todos los bienes que habían dejado en
sus casas, aquellos que habían emigrado a Medina junto al
profeta Mujámmad (Muhaayiruun). Su intención era la
de montar una caravana comercial y vender todos los bienes de dichos
emigrados con el Profeta, para así conseguir bienes de dichas
pertenencias en los mercados de Oriente Medio. Cuando los musulmanes
se enteraron de la noticia, la furia que invadió sus espíritus
fue tan grande, que fueron a pedir al Profeta, - algunos, exigiéndole
-, que Alá revelara alguna aleya para que les diera el permiso
de combatir y luchar por recuperar sus bienes. El profeta Mujámmad
sin embargo, les contestó que no podía hacer nada
hasta que Alá no le revelara algo en particular referente
a este problema. Los musulmanes acataron su respuesta, aun teniendo
en sus adentros ese furor y rabia. Pero, pasado unos días,
Alá hizo revelar esta aleya en las que les permitía
el luchar por conseguir sus bienes.
Debemos hacer hincapié en algo importante. Para
comprender la verdadera posición del Islam - a lo que a relaciones
sociales y políticas se refiere -, debemos estudiar todas
estas estructuras literarias y como han sido las diferentes leyes
dictaminadas. Conviene que analicemos estas aleyas, por ejemplo,
y veamos que Alá, no dijo: "matadlos" o "combatid",
sino que dijo: "se les ha dado el permiso de combatir".
Para los sabios del Islam, esta aleya junto a otras y diferentes
relatos proféticos, son una prueba categórica, de
que la guerra en sí, es algo excepcional y que debe ser siempre
el último medio a utilizar antes en cualquier asunto que
pueda acontecer. Y también, que no se debe luchar contra
una persona por que ésta ha negado el mensaje del Islam,
sino por ser injustos y realizar actos indignos y que atenten contra
la dignidad de las personas. En un relato profético, el profeta
Mujámmad dijo: "No deseéis
nunca el ir a la guerra. Es más, pedid a Alá que os
libre de ella. Pero si habéis de ir, sed pacientes en el
combate" . Este relato profético, - como muchos otros
que existen -, no deja lugar a dudas de que lo que el Islam verdaderamente
desea, es el que no exista ningún conflicto entre los seres
humanos, ya sean estos religiosos, económicos, bélicos,
etc. Todos estos conflictos, no hacen más que traer desgracias
y penas a la humanidad en su conjunto.
La ternura y la violencia, el amor y el odio, la paz
y la guerra, la virtud y el vicio, la amistad y la enemistad, son
principios esenciales e indivisibles del ser humano y, como tal,
está obligado a vivir con ello. Quien intente negar lo contrario
o demostrar a la gente de que podemos llegar a un mundo utópico,
vacío de toda maldad o crueldad, lo único que hace
es engañar al mundo. El objetivo del
Islam, es enseñar el hombre el camino de la virtud, la paciencia,
el amor al prójimo, la paz, el perdón y todos los
valores que hacen del individuo un ser humano completo, pero,
no por ello, olvida que en el mundo también existe - por
desgracia -, gente que no busca las mismas virtudes y que se ve
llevado por intereses propios que, en la mayoría de las ocasiones,
van en detrimento del resto de las criaturas humanas.
Si verdaderamente se quiere conocer
el Islam y su mensaje, sólo hay que acudir a la gente formada
para ello y no hacer caso de las informaciones que los medios de
comunicación nos transmiten o nos dan a entender del Islam,
basadas en un análisis, a veces falso, del mundo islámico.
Dichas informaciones, son las que forman en toda persona su idea
del Islam y de los musulmanes. Cierto que existen movimientos integristas
e ignorantes, que lo único que hacen es matar a gente inocente
y dar una imagen manchada del Islam. Lo único que pido, -
como musulmán y persona que desea que se conozca la auténtica
realidad de su religión -, es que se analice cuáles
son los motivos que lleva a esta gente a hacer lo que hace y, nos
daremos cuenta, que mucha parte de la culpa, no parte ni del Islam
ni de los mismos musulmanes.
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