Cualidades de carácter del Profeta Muhammad

Por: Mohammad Elshinawi

Las cualidades de carácter del Profeta Muhammad, la paz sea con él, han sido reconocidas tanto por sus contemporáneos como quienes vinieron después, musulmanes y no musulmanes.

Dios combinó en su último Profeta (s.w.s) las cualidades de carácter más ilustres, para asegurar así la confianza de su quien le escuchase y siguiese. Su carácter brillaba desde todos los ángulos y era visto como admirable a los ojos de todos. Aquellos que consideraban que el linaje era crucial, aunque no lo sea a los ojos de Dios, encontraron que Muhammad descendía de una nobleza que era lo más puro de lo puro. Aquellos que practicaban la fisonomía (evaluar el carácter de una persona basándose en la apariencia física) percibían que la cara de Muhammad brillaba con integridad. Aquellos que lo conocieron de primera mano, o más tarde leyeron su biografía, encontraron en Muhammad un estilo de vida de extraordinaria sinceridad y convicción.

Su honestidad

El Profeta (s.w.s) no era simplemente una persona cuya honestidad fue testificada, sino que los miembros de su clan le habían dado el sobre nombre de “Sādiq al-Amīn” (el verdadero, el digno de confianza). Incluso mientras lo perseguían y rechazaban su mensaje, aún le confiaban sus posesiones más preciadas. Aisha (rA) dijo: “Él le ordenó a ‘Ali (rA) que se quedara en La Meca para devolver todos los fideicomisos que el Mensajero de Allah (s.w.s) tenía de la gente. No había nadie en La Meca (¡ni siquiera sus enemigos!) que tuviera objetos de valor por los que temían que no se los confiase al Mensajero de Allah, debido a su honestidad y confiabilidad que todos conocían. Por lo tanto, ‘Ali (rA) se quedó atrás durante tres días y tres noches para entregar todo lo que la gente había confiado al Mensajero de Allah, y lo alcanzó después de completar esa tarea”.

Su honestidad de principios era tan evidente que incluso personas de diferentes épocas, orígenes y religiones lo reconocen. No se puede de imaginar a una persona justa leyendo su vida y llegando a una conclusión diferente.

Aunque el filósofo e historiador escocés Thomas Carlyle (fallecido en 1881) tenía sus reservas sobre el Islam, su fascinación por la sinceridad del Último Profeta estaba entre la intriga profunda y la aparente convicción. Por ejemplo, dice: “Va en gran medida contra la teoría del impostor, el hecho de que vivió de esta manera absolutamente excepcional, completamente tranquila y común, hasta el final de sus años. Tenía cuarenta años antes de hablar de cualquier misión del cielo. Todas sus irregularidades, reales y supuestas, datan de después de su quincuagésimo año, cuando murió Jadiya. Toda su “ambición”, aparentemente, había sido, hasta ese momento, vivir una vida honesta; su “fama”, la mera buena opinión de los vecinos que lo conocían, había sido suficiente. Solo cuando ya estaba envejeciendo, cuando el calor ardiente de su juventud se había consumido y la paz se había convertido en la cosa más importante que este mundo podía darle, comenzó con la “carrera de la ambición” y, dejando atrás todo su carácter pasado y forma se ser, se propuso adquirir lo que ya no podía disfrutar. Por mi parte, no tengo ninguna fe en esa [teoría del impostor]”. En el mismo libro, Carlyle dice: “Las mentiras (calumnias occidentales) que el celo bien intencionado ha amontonado alrededor de este hombre (Muhammad) son perjudiciales sólo para nosotros mismos”. (On Heroes, Hero Worship, and the Heroic in History, de Thomas Carlyle)

En la historia de la humanidad, muchos impostores han proclamado la profecía, pero ninguno de ellos eran hombres de virtud sino de ética oportunista. Esto es endémico y se espera de los profetas impostores, ya que han aceptado ser los mentirosos más siniestros. Así como mentir sobre tus amigos es peor que mentir sobre una persona aleatoria, y como mentir sobre tus padres es peor que mentir sobre tus amigos, no hay nada más feo que una persona que miente sobre Dios. Por lo tanto, cuando un hombre con la honestidad indiscutible de Muhammad (s.w.s) vive durante cuarenta años sin mentir, y luego afirma ser el Profeta de Dios, esto debe verse como un signo de la veracidad de su afirmación.

Finalmente, “El sol se eclipsó durante la vida del Mensajero de Allah (s.w.s) en el día en que [su hijo] Ibrāhīm murió. La gente dijo que el sol se había eclipsado debido a la muerte de Ibrāhīm. El Mensajero de Allah dijo: “El sol y la luna no se eclipsan debido a la muerte o la vida (es decir, el nacimiento) de nadie. Más bien, son dos de los signos de Allah, por los cuales Él infunde temor en Sus esclavos. Cuando veáis un eclipse, rezad e invocad a Allah”. (al-Bukhāri, 1043)

Si el Profeta (s.w.s) hubiera sido un impostor, esta habría sido una oportunidad perfecta para sacar provecho de ese aumento de credibilidad. Estos eventos coincidentes abrieron una ventana muy oportuna para la autopromoción, y aún así, el Profeta ni siquiera permitiría que otros interpretaran esto como que los cielos se habían entristecidos por Ibrāhīm. Aunque le dolía la trágica pérdida, ascendió al púlpito, descartó la falsa interpretación y estableció que los eclipses no siguen más que las leyes universales de Dios.

Su austeridad y ascetismo

El estilo de vida simple y austero del Profeta (s.w.s) es una indicación importante de que su misión no podría haber sido motivada por el egoísmo. Después de todo, fue un hombre que al final de su vida controlaba toda Arabia. Incluso antes de eso tuvo miles de seguidores a lo largo de su estancia en Medina; seguidores para quienes él era el centro, y les hubiera encantado hacer cualquier cosa en el mundo por él. Con todo lo considerado, no encontramos lujo en ninguna esfera de su vida. Más bien, encontramos en su apartamento una estera de paja que dejaría marcas en su costado y una piel de cuero colgante de agua de la que se lavaba. Cuando deseaba postrarse en esta habitación, le pedía a Aisha (rA) que doblara sus piernas para dejarle espacio para que se postrara. Durante meses, no se encendía fuego para cocinar en su casa, y su familia tenía que contentarse con dátiles y agua a menos que un Compañero les regalara algo de leche.

Edward Gibbon (fallecido en 1794), un historiador y miembro del Parlamento de Inglaterra, escribió: “El buen sentido de Muhammad despreciaba la pompa de la realeza. El apóstol de Dios se sometió a los trabajos meniales de la familia; encendía el fuego, barría el suelo, ordeñaba las ovejas y remendaba con sus propias manos sus zapatos y prendas. Con desprecio de la penitencia y el mérito de un ermitaño, observaba sin esfuerzo ni vanidad la dieta abstemia de un árabe”. (The Decline and Fall of the Roman Empire, by Edward Gibbon,)

En otras palabras, no solo aguantaba la dureza de una vida austera, sino que originaba de él de manera natural. No estaba tratando de alentar el ser ermitaño o privarse a uno sí mismo, ni fingía este minimalismo para ganarse los elogios de la gente. Gibbons continúa: “En ocasiones solemnes, festejaba con sus compañeros con abundancia rústica y hospitalaria. Pero, en su vida doméstica, pasaban muchas semanas sin que se encendiera un fuego en la casa del Profeta”.

Según Washington Irving (fallecido en 1859), biógrafo y diplomático estadounidense, “era sobrio y abstemio en su dieta y un observador riguroso de los ayunos. No se permitía la magnificencia de la indumentaria -la ostentación de una mente mezquina; tampoco era su simplicidad en la vestimenta una pretensión, sino que se debía a un desprecio real por algo tan trivial… Sus triunfos militares no despertaron orgullo ni vanagloria, como lo habrían hecho si hubiese tenido propósitos egoístas. En el momento de su mayor poder, mantuvo la misma sencillez de modales y apariencia que en los días de su adversidad. Lejos de adoptar un estado de realeza, le disgustaba que al entrar en una habitación se le mostraran testimonios inusuales de respeto”. (Mohamet and His Successors, by Washington Irving)

Bosword Smith (m. 1908), un reverendo, maestro de escuela y autor escribió: “Jefe del Estado y la Iglesia; fue césar y papa en uno; pero era Papa sin las pretensiones del Papa, y César sin las legiones de César, sin un ejército permanente, sin guardaespaldas, sin una fuerza policial, sin ingresos fijos. Si alguna vez un hombre ha gobernado por un derecho divino, fue Muhammad, porque tenía todos los poderes sin lo que los crea. No le importaban los aderezos de poder. La simplicidad de su vida privada estaba en consonancia con su vida pública”. (Muhammad and Muhammadanism, by Bosword Smith)

Su valentía

La gran valentía del Profeta (s.w.s) significaba que no solo era veraz, sino que estaba seguro de su veracidad. Algunos orientalistas, aunque todos escriben en tono burlón al describir el Islam, argumentaron que Muhammad no estaba mintiendo conscientemente, sino que padecía una enfermedad mental que le hacía tener delirios de grandeza. Esta afirmación se derrumba a los pies de la valentía documentada del Profeta, porque alguien que “escucha voces” y tiene trastornos psicológicos sería inconsistente, reacio e incapaz de lograr todos los triunfos que logró. Más importante aún, una persona con trastornos mentales nunca presentaría un sistema completo de creencias y leyes que se ganaría el respeto de miles de historiadores, filósofos y otros hombres de sabiduría. Por lo tanto, la valentía constante e incomparable de Muhammad (s.w.s) se convierte en un garante en apoyo de su profecía.

El Profeta nunca huyó en la batalla; más bien, luchó sin miedo en las líneas del frente. Habría sido perfectamente comprensible para el Profeta protegerse a sí mismo detrás del ejército, ya que su muerte significaría el final del mensaje. Sin embargo, ‘Ali b. Abi Ṭālib (rA), el célebre guerrero, decía: “Yo mismo presencié en el Día de Badr cómo solíamos permanecer cerca del Profeta (s.w.s) para cubrirle, y él era el más cercano de nosotros al enemigo, y él fue el [guerrero] más feroz de ese día”. ( Aḥmad, 619)

Un hombre preguntó una vez a al-Barā ’b. ’Zib (rA), “¿Huyó el día de Ḥunayn, oh Abu‘ Umāra?. “Respondió: “Puedo testificar que el Profeta de Allah no se retiró. Más bien, fueron algunos jóvenes apresurados que se reunieron, sin armas adecuadas, un grupo de Hawāzin y Banu Naḍīr. Resultaron ser arqueros [excelentes], y les dispararon una descarga de flechas que expusieron [sus filas]. La gente acudió [en busca de ayuda] al Mensajero de Allah, cuya mula estaba siendo guiada por Abu Sufyān b. Harb. Desmontó, oró e invocó la ayuda de Dios. Lo que dijo fue: “Yo soy el profeta; ¡esto no es incierto, soy el hijo de ‘Abdul-Muṭṭalib! ¡Oh, Allah, envía tu ayuda!”. Por Allah, cuando la batalla se hizo más feroz, buscábamos protección detrás de él, y [solo] los más valientes entre nosotros estaban a su lado [en la batalla]”. (Muslim, 4388)

Cuando Allah reveló:

¡Mensajero! Haz llegar lo que te ha descendido de tu Señor. Y si no lo haces del todo, entonces no habrás transmitido Su mensaje. Allah te protegerá de los hombres. (La mesa servida, 5:67)

El Profeta (s.w.s) prohibió a sus Compañeros que continuarán montando guardia por la noche junto a su puerta. (at-Tirmidhi, 5/351) Una noche, los musulmanes, que tenían miedo de que los romanos atacaran a Medina en cualquier momento, se despertaron sobresaltados por un fuerte golpe. Al ir al lugar, encontraron que el Profeta ya regresaba de ese sitio montando un caballo a pelo que pertenecía a Abu Ṭalḥa, con su espada colgando alrededor de su cuello, asegurándoles que era una falsa alarma. (al-Bukhāri in al-Adab al-Mufrad) Se necesita un coraje ejemplar para salir corriendo solo a enfrentarse a un peligro potencial como ese, un coraje que incluso las almas más valientes admirarían.

Su perseverancia

El Profeta Muhammad (s.w.s) no solo mostró valentía en momentos específicos de su vida, sino que también mostró una perseverancia y consistencia ejemplares en todo momento. Pensemos en un hombre que nunca conoció a su padre de primera mano, casi no disfrutó de la compasión de su madre, luego perdió a su abuelo, y luego a su tío y su esposa más querida simultáneamente. Pensemos en un hombre que vivió para presenciar la muerte de todos sus hijos menos uno, que fue tratado como una amenaza y tuvo que huir como fugitivo después de décadas de tener una reputación perfecta entre su gente. Considere a un hombre que experimentó abuso físico hasta que se desmayó, estuvo hambriento durante años por culpa de su propia gente y se enfrentó a innumerables intentos de asesinato. Considere a un hombre que fue expulsado de su casa, enviado a Madinah a refugiarse, solo para encontrar a los hipócritas que tomaban cualquier oportunidad de traicionarlo. Pensemos en un hombre que vivió intentos de asesinato regularmente, así como el asesinato y la mutilación de sus familiares y compañeros, y luego la calumnia de su querida esposa Aisha (r.a), la hija de su compañero más leal. ¿Quién podría perseverar con esperanza y persistir en una ética sin par, a través de todo esto, excepto alguien infundido por una ayuda única de los cielos?

El Profeta (s.w.s) se sobrepuso a ese abismo de negatividad y no solo sobrevivió, sino que se convirtió en una fuente de misericordia y empatía para las personas, los animales y las plantas por igual. Esto no es nada menos que milagroso; solo Dios saca a los muertos de los vivos, y produce un manantial de una roca, y alimenta una rosa en el desierto. Solo Dios pudo haberlo mantenido sonriendo todo el tiempo, jugando con sus nietos, respetando sus principios y levantando el ánimo de aquellos que sufrieron mucho menos que él. Solo Dios podría haberle dado la capacidad de tener compasión por los despiadados, el perdón a sus enemigos y la preocupación por los arrogantes. Solo Dios pudo haber mantenido su corazón agradecido en momentos en que otros ni siquiera podían ser pacientes, y su corazón misericordioso en momentos en que otros ni siquiera podían ser justos.

Aunque los incidentes que reflejan su perseverancia son innumerables, cualquier persona honesta puede simplemente familiarizarse con el embargo que sufrió en el barranco de Abu Ṭālib. Esto continuó durante tres años absolutamente brutales, durante los cuales el Profeta (s.w.s) observó cómo los labios de sus Compañeros se ponían verdes por comer hojas y roer las pieles de los animales por desesperación por alimento. De hecho, vio cómo los miembros de su familia más queridos se deterioraban lentamente frente a sus ojos. Jadīja (r.a) y Abu Ṭālib estaban tan debilitados por el embargo que nunca se recuperaron de él; Ambos murieron poco después. Y con la protección de Abu Ṭālib desaparecida, el Profeta (s.w.s) recibió en ese año el tratamiento más humillante de su vida.

Aisha (rA) transmitió que una vez le preguntó al Profeta (s.w.s): “¿Has tenido un día más difícil que el Día de Uḥud?” El Profeta (s.w.s) dijo: “Tu tribu me ha preocupado mucho, y lo peor fue el día de ‘Aqaba cuando me presenté a ‘Abd Yalāyl b. ‘Abd Kulāl, y él no respondió a lo que buscaba. [Finalmente] partí, abrumado por el dolor, y no pude relajarme hasta que me encontré en un árbol donde levanté la cabeza hacia el cielo para ver una nube que me estaba dando sombra. Levanté la vista y vi a Gabriel en ella. Me llamó y me dijo: ‘Allah ha escuchado las palabras de tu gente y cómo han respondido, y Allah te ha enviado el Ángel de las Montañas para que le ordenes que haga lo que quieras con estas personas’. El Ángel de las Montañas me saludó y dijo: ‘Oh Muhammad, ordena lo que desees, y si quieres, dejaré que las dos montañas caigan sobre ellas’. Le dije: ‘No, más bien espero que Allah haga salir de entre de sus descendientes personas que adorarán a Allah solo sin asociae nada con Él”. (al-Bukhāri, 3059 y Muslim, 1795) En otras transmisiones, pasó diez días en Ṭā’if después de hablar con sus líderes, llamando a su gente al Islam, hasta que se reunieron multitudes para expulsarlo. Hicieron dos filas y lo obligaron a atravesarlas mientras decían obscenidades y arrojaban piedras hasta que la sangre corría por sus piernas bendecidas, y la cabeza de Zayd b. Ḥaritha estaba herida. (Ibn Hishām in as-Sīra (2/70-72) Pero incluso en esa hora más oscura, toda esta angustia conjunta no quebró la perseverancia del Profeta.

Su optimismo

Es notable cómo el Profeta Muhammad (s.w.s) nunca perdió la esperanza en el apoyo y la victoria de Allah, sin importar cuán aparentemente desesperada fuese su situación a veces. Este optimismo habla de un corazón lleno de una creencia suprema. Al salir de La Meca para la migración, el Profeta (s.w.s) y Abu Bakr (r.a) fueron rastreados hasta una cueva. Los perseguidores se pararon en la boca de la cueva, y simplemente tenían que agacharse para mirar dentro y nada les habría impedido ver y capturar al Profeta. En ese momento desconcertante, cuando la desesperación hubiese penetrado incluso en las almas más firmes, el Profeta (s.w.s) le hizo a su Compañero una declaración increíble con tranquilidad: “Oh, Abu Bakr, ¿qué piensas de dos, cuando Allah es el tercero?”. Más tarde el Quran meniconó este incidente diciendo:

Si vosotros no le ayudáis, ya le ayudó Allah cuando le habían echado los que no creían y había otro con él. Y estando ambos en la cueva, le dijo a su compañero: No te entristezcas porque en verdad Allah está con nosotros. Allah hizo descender sobre él Su sosiego, le ayudó con ejércitos que no veíais e hizo que la palabra de los que se negaban a creer fuera la más baja; puesto que la palabra de Allah es la más alta. Allah es Irresistible y Sabio. (At-Tawba 9:40).

Una persona puede decir: ¿cómo sabemos que Muhammad no inventó este versículo después del evento, presentando con ello una imagen deshonesta sobre su convicción inquebrantable en Dios? La respuesta más simple es que Abu Bakr (rA) presenció personalmente la calma que el Mensajero de Allah (s.w.s) tenía en esos terribles minutos. Si no hubiera sido así, ¿habría sido Abu Bakr (rA) su mayor admirador y hunbiese continuado venerándolo como la encarnación de la integridad, incluso después de la muerte del Profeta?

Así era la convicción que el profeta Muhammad tenía en su creencia, por ella la promesa de Allah que veía en su corazón anulaba la desesperanza que veían sus ojos. Esto es idéntico a lo que le ocurrió a Moisés (as) en la orilla:

Cuando ambos grupos se divisaron, dijeron los compañeros de Musa: Hemos sido alcanzados. Dijo: No, mi Señor está conmigo y Él me guiará. (Los poestas 26:61-62)

Este grado de certidumbre exclusivo de los Profetas y Mensajeros; incluso si el mundo perdiera toda esperanza, la de ellos nunca se desaparecería.

Sus seguidores

Al analizar la veracidad de la profecía de Muhammad, sería negligente limitar sus seguidores a los nobles Compañeros. El profeta Muhammad (s.w.s) es la persona más influyente de la historia de la humanidad (ver: Los 100, por Michael Hart), siendo imitado en las particularidades más privadas o matizadas de su vida. Durante un milenio y medio, ha habido una fascinación mundial por parecerse al último Profeta, incluso a costa de oponerse a la cultura dominante o las tendencias del momento. Para 1,6 billones de personas hoy en día, ese es un pequeño precio a pagar por reflejar el ser humano más perfecto que jamás haya existido.

David David George Hogarth (fallecido en 1927), un erudito y arqueólogo británico, dijo: “Serio o trivial, su comportamiento diario ha instituido un canon que millones de personas observan hasta este día con memoria consciente. Nadie considerado por los hombres como el Hombre Perfecto ha sido imitado tan minuciosamente por ninguna sección de la raza humana. La conducta del fundador del cristianismo no ha gobernado la vida ordinaria de sus seguidores. Además, ningún fundador de una religión ha dejado en un ejemplo tan incomparable como el apóstol musulmán”. (Arabia, by D.G. Hogarth, first published in 1923)

Sin embargo, sus seguidores más completos fueron sin duda sus Compañeros, y esto es lo que ennoblece su testimonio de la verdad de su mensaje. Estos Compañeros no eran un mero grupo de buenos compañeros que oraban en la noche y dedicaban sus vidas a Dios, pero compartían una ingenuidad colectiva. Esta fue, sin sesgo, la generación más significativa en la historia de la humanidad. El genio de ‘Umar b. al-Khaṭṭāb (r.a), por ejemplo, ha sido reconocido por muchos historiadores. De hecho, la Historia del Mundo de Columbia afirma cómo “Umar implementó una burocracia superior a la del gigante Imperio Romano que precedió al gobierno musulmán”. (The Columbia History of the World, 1st Edition, p. 264)

Cuando un árabe tribal puede construir un gobierno federal con poder centralizado, pero también con la flexibilidad para hacer sostenibles las periferias de esta unión, y de esta forma cambiar el curso de la historia, se debe admitir que esta era una mente excepcional. Esta es solo una persona que creyó en la profecía de Muhammad (s.w.s), una que lo imitó con una admiración obsesiva. Abu Bakr dando la mitad de su riqueza por el Islam, Bilāl negándose a retractarse de sus creencias a pesar de la tortura impensable, Sumayya y Yāsir siendo torturados hasta la muerte por negarse a fingir que no creían en Muhammad, no son eventos insignificantes. En cuanto a los que sobrevivieron, emprendieron la tarea trascendental de inculcar su espíritu y su mensaje en sus vidas, haciéndolos merecedores de la alabanza de Dios:

Sois la mejor comunidad que ha surgido en bien de los hombres. Ordenáis lo reconocido, impedís lo reprobable y creéis en Allah. (La familia de Imran 3:110)

Tan aférrimos seguidores, de este calibre de personas, que lo conocieron antes y después de la profecía, y fueron testigos de su comportamiento diario, es un indicador claro de cuán seguros estaban de él y su misión.

William Montgomery Watt (m. 2006), un historiador escocés y profesor emérito en estudios árabes e islámicos, escribió: “Su disposición a sufrir persecución por sus creencias, el elevado carácter moral de los hombres que creían en él y lo admiraban como un líder y la grandeza de su logro final, todo argumenta su integridad fundamental. Suponer que Muhammad era un impostor plantea más problemas de los que resuelve. Más aún, ninguna de las grandes figuras de la historia es tan poco apreciada en Occidente como Muhammad… Por lo tanto, no solo debemos reconocer a Muhammad con una honestidad esencial e integridad de propósito, si queremos entenderlo, si queremos corregir los errores que hemos heredado del pasado, no debemos olvidar que una prueba concluyente es un requisito mucho más estricto que una demostración de verosimilitud, y en un asunto como éste solo se puede lograr con dificultad. (Muhammad at Mecca, by William Montgomery Watt)

Esta fue la inmaculada personalidad del profeta Muhammad (s.w.s), visible para aquellos que han venido siglos después de su vida. No deja de sorprender por qué una generación entera compitió en emular su sonrisa, su desinterés, su defensa de la verdad y su servicio a la humanidad.

Fuente: https://yaqeeninstitute.org 

Traducido y editado por Truth Seeker Es