Hiyab (El Velo Islámico)

La palabra árabe Hiyab en términos generales se refiere a la modestia, la intimidad y la moralidad.

Hay un gran desconocimiento acerca de la función del Hiyab ( el velo ) y el papel de la mujer dentro de la sociedad.

Se suele partir de la idea errónea de que: el Hiyab es incompatible con la cultura y la sociedad occidental, el Hiyab reprime la libertad e igualdad de las mujeres musulmanas en Europa , o bien el Hiyab impide la integración de los musulmanes en Occidente.

En este sentido, consideramos necesario aclarar cada uno de estos puntos:

El Hiyab: Las raíces

El uso del velo no es exclusivo del islam.

El uso del velo se remonta al siglo 13 antes de Cristo en la antigua Asiria (Mesopotamia). En aquella época, el uso del velo era una señal de distinción social y no religiosa. La ley exigía a todas las mujeres asirias, excepto a las prostitutas, cubrir sus cabezas en público. Del mismo modo, los antiguos objetos de artesanía griegos y romanos nos indican que el uso del velo no era una práctica infrecuente. Aunque no está claro el sentido del velo en la sociedad griega y romana, su costumbre no puede ser ignorada.

Con el judaísmo, el empleo del velo adquirió un significado religioso. El velo era símbolo de modestia y decoro. Las mujeres judías cubrían su cabeza en público en cumplimiento de la ley judaica. Así Jeremías comentaba: “Cuando la judía de Jerusalén dejó casa, su rostro estaba oculto, de modo que su rostro no podía ser reconocido.” Si una mujer judía dejaba de cubrir su cabeza durante el período tanaíta tal hecho se consideraba una afrenta a su pudor. El velo elevaba el estatus de la mujer de la alta sociedad judía y hoy día algunas mujeres ortodoxas siguen practicando las enseñanzas judías tradicionales empleando pañuelos o pelucas.

De igual manera la Biblia enseñó el uso del velo mucho antes del Islam. En el Antiguo Testamento se lee:

Rebeca también alzó sus ojos, y vio a Isaac, y descendió del camello. Porque había preguntado al criado: ¿Quién es este varón que viene por el campo hacia nosotros? Y el criado había respondido: Este es mi señor. Ella entonces tomó el velo, y se cubrió.” (Génesis: 24:64-65)

En el Nuevo Testamento está escrito:

“Pero toda mujer que ora o profetiza con la cabeza descubierta, deshonra su cabeza; porque lo mismo es que si se hubiese rapado. Porque si la mujer no se cubre, que se corte también el cabello; y si le es vergonzoso a la mujer cortarse el cabello o raparse, que se cubra”. (1 Corintios: 11: 5-6)

Como se explica en estos versículos, la Biblia considera que el uso del velo como algo esencialmente virtuoso. La Virgen María se representa a menudo en las obras de arte con la cabeza cubierta. De hecho, en un cierto periodo, era obligatorio que las mujeres católicas se colocaran un pañuelo en la cabeza durante su asistencia a la iglesia. Hoy día, las monjas cristianas y las mujeres Amish continúan cubriendo sus cabezas.

Por último, las mujeres hindúes tradicionales también se cubren la cabeza, cuando se hallan en compañía de otros hombres, dejando así patente que el Hiyab no es exclusivo del Islam. A veces se cubren con la parte final del sari con que se visten, ya veces lo hacen con una indumentaria similar a una pañoleta.

Así pues, el velo o Hiyab debe entenderse teniendo en consideración este contexto de raíces culturales y religiosas.

El Hiyab: Libertad e igualdad

El Hiyab no inhibe la libertad y la igualdad de las mujeres musulmanas, el islam sigue el mensaje original, tal como se menciona en la Biblia.

Así, San Pablo enseñaba:

“El hombre no debe cubrirse la cabeza, ya que él es imagen y gloria de Dios, mientras que la mujer es gloria del hombre. De hecho, el hombre no procede de la mujer sino la mujer del hombre; ni tampoco fue creado el hombre a causa de la mujer, sino la mujer a causa del hombre. Por esta razón, y a causa de los ángeles, la mujer debe llevar sobre la cabeza señal de autoridad” (1 Corintios, 11:7-10)

Por lo tanto, según San Pablo, el velo es un signo de la autoridad del hombre sobre la mujer. Una mujer cristiana cubierta sólo es piadosa en la medida en que acepta su papel inferior al hombre. Probablemente, debido a esta explicación, muchos en Occidente ven al velo como un símbolo de inferioridad, servidumbre y degradación.

Pero la justificación islámica para el Hiyab está totalmente en desacuerdo con este estigma. En el Islam Hiyab significa “modestia” y es un medio de protección.

Igualdad entre la mujer y el hombre

Existen multitud de referencias en el Corán que dan fe de la igualdad entre la mujer y el hombre. Por ejemplo, el Corán, de manera inequívoca explica que los hombres y las mujeres pertenecen a la misma especie y poseen aptitudes y predisposiciones idénticas. El requisito del Hiyab no pretende encarcelar a la mujer o hacerla susceptible a la dominación masculina. Al contrario, tiene por objeto realzar sus facultades que le han sido otorgadas por Dios.

En el Islam, la fe se basa en la premisa de que Dios creó a los hombres y mujeres con un noble propósito, que consiste en establecer la paz en la sociedad. Puesto que un hogar tranquilo es la unidad básica de una sociedad pacífica, el Islam trata de proteger la armonía conyugal mediante la promoción de la modestia. En los Estados Unidos, casi el 40% de los matrimonios acaban en divorcio, la mitad de los cuales terminan por aventuras amorosas extramaritales. Como medida de precaución, el Corán ordena a las mujeres extender lo que cubre su cabeza hasta su pecho en presencia de los hombres que son ajenos a la familia:

“Y di a las mujeres creyentes que recaten su mirada y protejan sus partes privadas, y no muestren su belleza y sus adornos, excepto lo que sea visible de ellos, y coloquen sus velos sobre sus pechos, y no muestren su belleza y sus ornamentos más que a sus maridos…” (Corán 24:32)

El mandamiento sobre el Hiyab es una obligación que no se limita a las mujeres, sino que también se aplica a los hombres; sólo que el Hiyab asume una forma diferente:

Di a los hombres creyentes que recaten su mirada y guarden sus partes privadas. Esto es más puro para ellos. En verdad, Al‑lah sabe perfectamente lo que hacéis. (Corán 24:31)

Además, otro objetivo del Hiyab es proteger a las mujeres. En el Occidente observamos a menudo la tendencia a deshumanizar a las mujeres considerándolas como objetos sexuales. La pornografía genera en el mundo ingresos que superan la escalofriante cifra de 57 mil millones de dólares. Esta enorme cantidad supera a todo lo que facturan juntos en los EE.UU. el fútbol profesional, el béisbol y el baloncesto, y también supera a los ingresos combinados de las principales cadenas de televisión del país: la ABC, CBS y NBC. Las consecuencias perniciosas de esta degradación sexual, son bien conocidas. En los Estados Unidos, una de cada tres mujeres ha sido víctima de abuso físico y sexual, y una mujer es violada cada dos minutos y medio.

Dado que las mujeres son vulnerables a la explotación y el abuso, el Islam les aconseja asumir su protección con sus propias manos:

“Deben bajar sus túnicas externas desde su cabeza sobre su rostro. Esto es más conveniente para que sean así reconocidas y no molestadas. Pues Al‑lah, es el Sumo Indulgente, Misericordioso” (Corán 33:60)

Así, el Hiyab se erige en una barrera física frente al acoso injustificado. No es una desgracia o un obstáculo para la mujer; por el contrario, la honra y la libera de la servidumbre de la sociedad y de los obstáculos que impiden su avance intelectual, moral y espiritual. De hecho, al elegir protegerse a sí misma y sus virtudes, una mujer protege la sociedad de los males sociales, tales como el adulterio, la propagación de la enfermedad, los niños nacidos fuera del matrimonio, la violación, y el divorcio.

Una mujer no tiene que depender de su belleza física o del vestido con el fin de contribuir a la sociedad. Su carácter define la paz, la prosperidad y el progreso de una nación. Por ello, el Profeta del Islam hizo hincapié en la importancia de la educación religiosa y secular para los hombres y para las mujeres; de hecho, la educación es uno de los elementos básicos de una sociedad progresista. Según el Islam, las mujeres tienen el poder de mitigar el sufrimiento, dondequiera que dirijan sus pasos, y la fuerza liberadora del Hiyab las convierte en los arquitectos del destino de las futuras generaciones. De hecho, la verdadera mujer musulmana no es ni la mujer explotada de Occidente, ni la mujer bloqueada de los regímenes árabes totalitarios.

No hay que olvidar el hecho de que el propio Islam se constituye en salvaguardia frente una aplicación dura e irracional del Hiyab. No hay ninguna ley en el Islam que castigue a una mujer por no cumplir con el Hiyab. El objetivo fundamental del Hiyab es proteger a la mujer musulmana y proporcionarle una mayor libertad para participar en la sociedad. Allá donde el Hiyab no consigue lograr este objetivo, el Islam permite la flexibilidad de la norma.

El papel integrador del Hiyab

Por último, se suele asumir de manera errónea que la prohibición del Hiyab facilitará la integración y cohesión social en Occidente.

Otras naciones han tratado de mejorar la integración mediante la prohibición del velo. Francia ha declarado fuera de la ley a los pañuelos sobre la cabeza en las escuelas públicas. Turquía prohibió el uso del velo en lugares públicos. No obstante, y según la mayoría de los análisis, estas medidas han tenido muy poco éxito de cara a la “integración”. En Francia, por ejemplo, los disturbios recientes son un claro indicador que los musulmanes continúan sintiéndose extraños e indispuestos. La razón es obvia.

El velo no tiene nada que ver con la integración. Las barreras a la integración real son la pobreza y el desempleo. En el Reino Unido, por ejemplo, dos tercios de los niños de familias cuyo origen es el Pakistán y Bangladesh están creciendo en la pobreza. Un porcentaje importante de todos los musulmanes jóvenes entre 16 y 24 años están desempleados. Las mujeres musulmanas que practican el uso del Hiyab nada tienen que ver con estas estadísticas tan ilustrativas.

Por otra parte, a nivel cotidiano, el Hiyab no impide la comunicación. Los avances tecnológicos han hecho cada vez más fácil que la sociedad se comunique sin que sea imprescindible el diálogo. El rostro no ha sido nunca la única herramienta esencial para una comunicación eficaz. El presidente de un país puede ser igual de efectivo a la hora de comunicarse con sus ciudadanos por radio que lo puede ser en persona. Obviamente, cuenta más el contenido expresado que la apariencia de quien lo expresa.

Además, los esfuerzos para la integración no deben realizarse a expensas de restringir el derecho humano fundamental a la libertad religiosa. La aceptación en el engranaje de una sociedad democrática de culturas y tradiciones religiosas divergentes es esencial para el éxito de la integración.

Forzar a una mujer musulmana a “quitarse el velo” es, pues, una medida contraproducente. Esta medida no sólo viola los derechos humanos fundamentales de la mujer musulmana, sino que también impide que la sociedad occidental comprenda y tal vez incorpore, las tradiciones islámicas.

Conclusión

En esencia, muchas de las ideas vigentes en Occidente sobre el Hiyab en el Islam reflejan un completo desconocimiento de las verdaderas enseñanzas islámicas. Muchas personas asumen equivocadamente que el Hiyab es extraño a Occidente, que inhibe la libertad y la igualdad de las mujeres musulmanas, y que frustra la integración de los musulmanes en la sociedad occidental. En realidad, el Hiyab tiene raíces históricas y religiosas universales, y asegura la verdadera libertad y la igualdad para las mujeres. Por otro lado, lejos de frustrar los esfuerzos de integración en la sociedad occidental, el Hiyab puede, potencialmente, beneficiar a la sociedad.

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La mujer Musulmana

 Existe una tendencia generalizada de englobar a los musulmanes dentro de un arquetipo preconcebido más próximo a los prejuicios que al real conocimiento del colectivo o las comunidades islámicas. Los musulmanes son…… esto o lo otro, como si todos fueran una especie de clones repetitivos.

La realidad es muy diversa. En la actualidad hay más de 2.000 millones de musulmanes en el mundo y lógicamente no todos son árabes, solo el 16 ó 17%, cuando hacemos esta apreciación automáticamente se piensa en los pakistaníes, los iraníes o los turcos, solemos obviar los asiáticos, los hindúes y sobre todo no tenemos en cuenta a un gran número de musulmanes que son occidentales.

Además, tampoco todos lo árabes son musulmanes, existen árabes cristianos, judíos, laicos, etc. Por todas estas razones el Islam es multicultural y multiétnico.

Dentro del marco islámico existen grandes diferencias culturales entre unas musulmanas y otras, existen musulmanas españolas, inglesas, francesas, latinoamericanas, turcas, asiáticas, paquistaníes, persas, árabes, bereberes….. y dentro de estos grandes grupos lógicamente también existen diferencias unas pertenecen a un medio rural, otras al urbano, de distintas profesiones, clases sociales y niveles de estudios.

La mayoría de la población española considera, que las mujeres musulmanas somos unas sombras sin voz ni voto en el mundo islámico sin diferenciar entre la mujer árabe, berebere, persa, turca, asiática, pakistaní… y su situación con respecto a la cultura o política de su país; de la mujer musulmana y lo que su Islam establece para ella.

Sin entrar en detallar la larga lista de mujeres musulmanas intelectuales, artistas, políticas, etc. que sistemáticamente son obviadas en nuestro imaginario estereotipado de lo que se supone que es una mujer musulmana, diremos que es de máxima importancia establecer la diferenciación entre la situación actual de las mujeres musulmanas según su estatus, procedencia, cultura o país de residencia y lo que el Islam establece para la mujer.

Si así lo hacemos podremos deducir que el Islam no tiene nada que ver con lo que está sucediendo en algunos piases de mayoría musulmana, aunque sus autores se excusen con la religión que dicen profesar.

Si volvemos a las fuentes del Islam, veremos que Dios ha establecido que la vida de la mujer, su propiedad, su honor… son tan sagrados como los del hombre. Si comete alguna ofensa, su castigo no es mayor o menor que el de un hombre en igualdad de condiciones. Si sufre daño o perjuicio, recibe las compensaciones debidas igual que un hombre en su situación ( Corán 2:178; 4:45-92-93).

Alá NO tolera a quienes tienden a perjudicar a la mujer, o a establecer discriminación entre hombres y mujeres, reprochando una y otra vez a quienes acostumbran a creer que la mujer es inferior al hombre (Corán 16:57-59-62; 42:47-50; 43:15-19; 53:21-23).

La mujer musulmana goza de ciertos privilegios de los que carece el hombre en el Islam.

Está libre de algunos deberes religiosos principalmente durante la menstruación, el embarazo, el postparto o la lactancia.

Está exenta de toda obligación financiera para la manutención de la familia, ella debe decidir voluntariamente si desea participar o no.

Así pues, el trato equitativo que el Islam da a la mujer es igual al del hombre y siempre con justo. La igualdad es justa y el Corán la establece entre el hombre y la mujer, respetando las diferencias de su identidad, pues si no lo hiciera así dejaría de ser justo.